Emiliano Paredes cambió la camiseta en plena campaña y el resultado fue tan predecible como contundente: perdió y quedó solo. El intendente de Tanti, electo bajo la bandera radical, decidió cruzarse al cordobesismo y subirse al tren de Juan Schiaretti. Lo que imaginó como un salto hacia la proyección provincial se convirtió en un verdadero papelón político que lo ubica cerca de la expulsión partidaria.
En los comités radicales todavía resuena la bronca por la traición del joven dirigente que, con apenas un año de gestión, abandonó las filas del partido que lo llevó al poder. Su decisión de integrar la lista de Provincias Unidas fue leída como un acto de oportunismo político de corto vuelo y largo costo. Paredes no solo desafió al radicalismo, sino que además compitió contra su propia fuerza en las urnas, algo difícil de justificar incluso para sus aliados.
A su manera, el intendente buscó disfrazar su pase con un discurso “renovador” y frases sobre la caída de los viejos partidos. En un acto junto a Schiaretti aseguró que Provincias Unidas representa lo nuevo y que Milei empobrece a la gente. La jugada política le duró poco: el electorado lo castigó y los radicales lo tildaron de traidor, una etiqueta que difícilmente pueda despegarse.














