La capitulación de Baker Hughes representa un golpe demoledor y potencialmente letal para el desarrollo del proyecto Sea Lion . Este yacimiento offshore ilegal, operado por la firma israelí Navitas Petroleum —dueña del 65% de la licencia — y la británica Rockhopper Exploration —propietaria del 35% restante —, se ha quedado de la noche a la mañana sin sus soportes tecnológicos más críticos.
Si bien Baker Hughes no se dedica a la extracción directa de crudo, posee el monopolio global de la provisión de tecnología, equipos de alta complejidad y servicios esenciales de perforación para este tipo de iniciativas offshore en aguas ultraprofundas .
Sin su participación activa, el consorcio británico-israelí se enfrenta a un desierto logístico y tecnológico que volverá la explotación de hidrocarburos extraordinariamente costosa, difícil e inviable .













