En el marco de la investigación internacional que expuso una red organizada de desinformación impulsada desde Rusia para influir en la política argentina, comienzan a emerger ramificaciones que exceden el plano mediático y se extienden hacia espacios sociales de alto impacto, como el fútbol. Uno de los episodios más significativos ocurrió el 24 de agosto de 2024, durante un partido entre Huracán y Argentinos Juniors en el estadio de Independiente, donde barrabravas desplegaron una bandera de 20 por 2 metros con contenido explícitamente anti Ucrania, en la que el nombre del país aparecía tachado, acompañado de la consigna “Si al fútbol, no a la guerra”. Lejos de tratarse de una expresión espontánea, el hecho cobra otra dimensión a la luz de los documentos filtrados: la red de desinformación no solo apuntaba contra la administración de Javier Milei, sino que también buscaba instalar una agenda internacional alineada con los intereses del Kremlin, particularmente contraria a Ucrania.
Este tipo de manifestaciones, en un contexto global atravesado por el conflicto entre Rusia y Ucrania, se inscriben dentro de una estrategia más amplia que utiliza símbolos, consignas y espacios de alta visibilidad para influir en la percepción pública. El fútbol argentino, por su masividad y capacidad de llegada, aparece como un terreno estratégico para amplificar mensajes que, bajo una apariencia neutral o pacifista, pueden responder a una lógica geopolítica definida. Las revelaciones se dan en paralelo a la confirmación de que, desde 2024, una estructura vinculada al gobierno ruso desplegó una campaña sistemática en Argentina con el objetivo de desacreditar al oficialismo. Según los documentos analizados, se publicaron al menos 250 artículos pagos en más de 20 medios digitales, con contenidos críticos del plan económico y la política exterior del Gobierno, incluyendo mensajes favorables a Rusia y contrarios a Estados Unidos.
Entre los medios señalados figuran C5N, Ámbito, Diario Con Vos, El Destape, Big Bang News, Diario Registrado, A24, Realpolitik, Política Argentina, Tiempo Argentino, Grito del Sur, El Cronista, Infocielo y Data Clave, entre otros. La operación implicó la utilización de identidades falsas generadas con inteligencia artificial, periodistas inexistentes y perfiles digitales diseñados para otorgar apariencia de legitimidad a los contenidos difundidos. Uno de los mecanismos más sofisticados detectados fue la creación de periodistas ficticios mediante herramientas de inteligencia artificial. Casos como el de Manuel Godsin, presentado como doctor por la Universidad de Bergen y miembro de un supuesto “Centre for Political and Strategic Studies”, fueron completamente desmentidos. Su imagen correspondía en realidad a un ciudadano ruso identificado como Mikhail Malyarov, y ya había sido expuesto en 2025 por el medio Africa Confidential como un “perfil virtual” utilizado para difundir desinformación prorrusa.
Un informe del medio Code for Africa, basado en un reporte de OpenAI, confirmó que se trataba de una “identidad ficticia” creada para “blanquear narrativas rusas en los medios de comunicación convencionales”, mediante contenido generado con herramientas como ChatGPT. La investigación también identificó otras firmas falsas utilizadas en Argentina, como Gabriel Di Taranto, Juan Carlos López y Marcelo Lopreiatto, cuyos nombres aparecieron en artículos publicados en distintos medios. En el caso de Diario Registrado, los documentos filtrados atribuyen la publicación de 26 artículos por un total de 28.600 dólares.










