El gerente aclaró que no hay cierre y que la firma se volvió más competitiva con Milei.
Compartir:
En los últimos días, distintos sectores del kirchnerismo y medios de comunicación intentaron instalar un supuesto cierre de la firma Tía Maruca, atribuyéndolo a una presunta crisis económica. Sin embargo, la propia empresa salió a desmentir categóricamente esa versión y expuso un escenario completamente distinto: crecimiento, expansión y mejora en su competitividad.
El gerente general de la firma aseguró que la realidad va en sentido opuesto al relato instalado y sostuvo que la empresa logró adaptarse al nuevo contexto económico. En ese marco, afirmó: "La realidad es que no cierra y con el cambio de gobierno nos reinventamos para ser más competitivos, estamos creciendo a un 20% interanual".
Lejos de un cierre, lo que ocurrió fue una reestructuración estratégica. Tía Maruca vendió su planta industrial en San Juan, una decisión que le permitió concentrar sus recursos en su sede de Luján y optimizar su modelo de negocios. Esta operación no implicó el cese de actividades, sino la transferencia de un activo que continúa funcionando bajo nueva gestión.
Pablo Tamburo, CEO.
Según explicó su CEO, Pablo Tamburo, la compañía registra un crecimiento cercano al 25% interanual y produce entre 400 y 500 toneladas mensuales de galletitas. Además, destacó que la marca viene ganando participación de mercado frente a otros competidores, impulsada por su relación precio-calidad.
La planta de San Juan, en tanto, no solo no cerró, sino que mantiene su operatividad normal bajo su nuevo dueño, quien incluso avanza en un plan de inversión y modernización.
El antecedente de Lumilagro
La firma matera también se vio involucrada en una opereta de los medios.
El caso recuerda a lo ocurrido con Lumilagro, cuando el dirigente peronista Miguel Ángel Pichetto y periodistas alineados difundieron que la histórica firma había cerrado su planta, algo que luego fue rápidamente desmentido por la compañía, que aclaró que seguía operando con normalidad.
En aquella oportunidad, Lumilagro no solo negó el cierre, sino que además informó que había logrado duplicar sus ventas tras una etapa de reconversión productiva. El paralelismo con la situación de Tía Maruca expone un patrón que se repite: la busqueda kirchnerista de instalar un escenario de colapso económico, pero que choca la realidad: empresas que se adaptan, compiten y se expanden en el mercado.