El pase de Federico Alesandri al bloque de Hacemos Unidos por Córdoba terminó de sellar la desaparición del kirchnerismo en la Legislatura provincial. El exintendente de Embalse, que llegó a la Legislatura bajo el sello de Cristina Kirchner, se integró al oficialismo sin objeciones. Así, el espacio que se proclamaba “alternativo al kirchnerismo” ahora cobija a uno de sus antiguos referentes.
El movimiento refleja el colapso político del sector K en Córdoba, incapaz de sostener representación ni identidad. La agrupación Fuerza Patria, que apenas alcanzó cinco puntos en las últimas elecciones, se desintegró entre pases y renuncias. En paralelo, el peronismo provincial sigue ampliando su frontera ideológica, priorizando la supervivencia antes que la coherencia.
Alesandri, que durante años fue interlocutor directo de Cristina Fernández de Kirchner, justificó su regreso al peronismo cordobés como una “reconstrucción de unidad”. Sin embargo, su incorporación refuerza la idea de que el kirchnerismo solo sobrevive como apéndice de estructuras mayores.

El ocaso del cristinismo cordobés
En el entorno de Alesandri reconocen que su decisión responde más a un cálculo de poder que a un cambio de convicciones. Las urnas mostraron la magnitud del derrumbe: el electorado cordobés le dio la espalda al relato kirchnerista en todos los niveles. Lo que antes fue un espacio con ambición de disputar liderazgo, hoy es un sello vacío sin figuras propias.
El bloque Fuerza Patria se quedó sin peso político y sin interlocutores. Ni la presencia de referentes históricos ni la apelación a la figura de CFK lograron sostenerlo. La pérdida de bancas y la falta de estructura territorial dejaron al kirchnerismo cordobés al borde de la extinción.











