Hace más de 30.000 años, los grupos humanos que habitaban Europa durante la Edad de Hielo mantenían vínculos mucho más amplios de lo que se pensaba. Un equipo internacional liderado por la Universidad de Viena analizó ADN antiguo de restos humanos y sedimentos de cuevas, y encontró evidencias de flujo genético a través de distancias enormes. Los resultados, publicados en Science Advances, cuestionan la idea de que las poblaciones del este y el oeste del continente vivían aisladas.
El trabajo se centra en las comunidades asociadas a la cultura gravetiense, que se extendió por Europa entre hace unos 34.000 y 25.000 años. Hasta ahora, la arqueología sugería contactos a larga distancia, pero la genética apuntaba a linajes bastante separados. Al combinar nuevos datos con información previa, los investigadores detectaron una mayor interconexión y, al mismo tiempo, la persistencia de ciertos linajes en el suroeste europeo durante milenios.











