Hace 5.500 años, en plena época prehistórica, la peste ya era un asesino implacable entre los humanos. Un equipo internacional de investigadores analizó ADN extraído de restos humanos en cementerios de cazadores-recolectores cerca del lago Baikal, en el este de Siberia, y descubrió cepas tempranas de la bacteria Yersinia pestis.
Los resultados, publicados en la revista Nature, muestran que casi el 40% de los individuos estudiados presentaban evidencia de infección. Esto supera incluso las tasas detectadas en algunos sitios de enterramientos medievales asociados a la peste bubónica.
Estas cepas antiguas demostraron ser altamente letales, incluso sin los mecanismos de transmisión por pulgas y roedores que se conocían en épocas posteriores.
Los científicos reconstruyeron genomas bacterianos a partir de material genético preservado en dientes antiguos. Combinaron esta información genética con datos arqueológicos y dataciones por radiocarbono para reconstruir lo ocurrido en esas comunidades pequeñas.

Brotes familiares devastadores
En los dos cementerios más grandes, se encontró un número inusualmente alto de niños y adolescentes entre los fallecidos. Durante décadas, los arqueólogos no lograban explicar este patrón. Ahora, la presencia de ADN de la peste resuelve el enigma.
Las dataciones indican que muchos entierros ocurrieron en un período corto de tiempo. En varios casos, hermanos o padres e hijos murieron casi al mismo tiempo y fueron enterrados juntos, lo que sugiere brotes rápidos dentro de las familias.
"Encontrar que la peste fue la causa es extraordinario, pero tiene mucho sentido", señaló el arqueólogo Andrzej Weber, investigador principal del Proyecto Arqueológico Baikal.
Los brotes afectaron especialmente a los más jóvenes, dejando un impacto devastador en estos grupos de cazadores-recolectores que vivían en contacto cercano con la naturaleza.
Un factor genético único
Los investigadores identificaron un superantígeno distintivo en las cepas antiguas, un factor genético que produce toxinas y no se encuentra en las variantes históricas posteriores. Este elemento puede desencadenar reacciones inmunes muy fuertes, aumentando la severidad de la infección.
Eske Willerslev, profesor de la Universidad de Copenhague y Cambridge, explicó que esto demuestra que las formas tempranas de la peste ya eran altamente virulentas. Esto cambia la comprensión tradicional sobre los orígenes y la letalidad de la enfermedad.
Antes se pensaba que las cepas iniciales eran más suaves porque carecían de ciertas características genéticas para la transmisión eficiente por pulgas. Los nuevos hallazgos indican lo contrario: la peste podía ser igual de mortal en sus primeras etapas.
Los cazadores-recolectores de la zona tenían contacto frecuente con marmotas, roedores grandes que aún hoy portan la bacteria. Se cree que la transmisión pudo ocurrir directamente de estos animales a los humanos.
Implicancias para el origen de la peste
El estudio refuerza la idea de que la peste surgió en Asia Central o del Noreste antes de extenderse por Eurasia a través de poblaciones de roedores silvestres. Esto sitúa el origen mucho más atrás en el tiempo de lo que se imaginaba habitualmente.
Los resultados ofrecen una imagen más clara de cómo enfermedades infecciosas impactaron a las sociedades humanas incluso en etapas muy tempranas, sin necesidad de grandes concentraciones urbanas ni agricultura intensiva.
Este trabajo no solo resuelve un misterio arqueológico de larga data, sino que también enriquece el conocimiento sobre la evolución de patógenos y su interacción con los humanos a lo largo de milenios.
La investigación combina genética avanzada, arqueología y datación precisa, demostrando el poder de las técnicas interdisciplinarias para reconstruir eventos prehistóricos. Los brotes antiguos de peste fueron tan letales como los posteriores, particularmente para los niños y jóvenes de aquellas comunidades siberianas.