La propiedad, valuada en más de 60 millones de dólares, fue puesta en venta con una fuerte rebaja.
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La historia de amor entre Jennifer López y Ben Affleck, que supo ser una de las más seguidas de Hollywood, terminó no solo con titulares sino también con una lujosa propiedad en el mercado.
Ubicada en el exclusivo barrio de Beverly Crest, la residencia fue comprada en 2022 por una cifra que rondaba los 61 millones de dólares, según informaron en su momento medios especializados en celebridades y bienes raíces. Sin embargo, el sueño de compartir ese hogar nunca se concretó: ni López ni Affleck llegaron a vivir allí como pareja.
El precio de la vivienda debió ser rebajado tras la falta de compradores
Un palacio moderno con todo incluido
La mansión, que ocupa unos 3.500 metros cuadrados cubiertos (equivalentes a 38.000 pies cuadrados), fue diseñada con todo el confort imaginable. Se extiende sobre un terreno de cinco acres y cuenta con:
12 habitaciones
24 baños
Un garaje para 12 vehículos
Piscina exterior de gran tamaño
Gimnasio completamente equipado
Un complejo deportivo con canchas de baloncesto y pickleball
La pareja no llegó a habitar el lugar
Además, tiene múltiples espacios de entretenimiento, tecnología domótica de última generación y vistas privilegiadas de la ciudad de Los Ángeles.
Según detalló el sitio especializado Mansion Global, la mansión fue puesta en venta recientemente por 52 millones de dólares, es decir, casi 9 millones menos de lo que la estrella del pop y el actor de Batman pagaron en su momento.
La rebaja no pasó desapercibida y estaría relacionada no solo con el contexto del mercado inmobiliario de alto nivel, sino también con el deseo de ambos de cerrar un capítulo que, según allegados, no resultó como esperaban.
A pesar de haber invertido en la propiedad con la intención de establecer allí su hogar definitivo tras su comentada reconciliación, diversas fuentes cercanas a la pareja aseguraron que la mansión terminó siendo más un símbolo de presión que de estabilidad.
Algunas versiones señalan que fue justamente durante el proceso de mudanza y construcción de ese “nido de amor” donde comenzaron los primeros roces de la relación.