La investigación comenzó tras el robo de un vehículo a un conductor de aplicación, cuyo coche fue recuperado con una patente adulterada en una vivienda. Allí se incautó un celular clave, perteneciente a uno de los principales sospechosos, que se convirtió en el punto de partida del caso. El análisis del dispositivo permitió avanzar más allá del hecho inicial y destapar una estructura delictiva organizada.
Los investigadores de Sustracción de Automotores decidieron revisar los datos del teléfono bajo orden fiscal, accediendo a mensajes, audios y fotografías. Lo que encontraron no solo confirmó el robo puntual sino que también reveló información sobre una banda dedicada a la sustracción de rodados. Además, se descubrió que los vehículos tenían diferentes destinos según su antigüedad y valor comercial.
Los automóviles más antiguos eran desarmados y sus piezas ingresaban en el circuito ilegal de autopartes, que se mantiene activo en la región. Los rodados más nuevos, en cambio, eran trasladados hacia provincias del norte del país para ser comercializados con documentación falsificada. Trece meses después de aquel hallazgo inicial, la investigación desembocó en una serie de allanamientos en Córdoba Capital.












