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“Una posible explicación es que su tamaño relativamente grande les diera una ventaja para cazar a belemnites más pequeños”, explicó. El especialista recordó que los calamares modernos tampoco son particularmente selectivos y pueden alimentarse incluso de otros cefalópodos.
Sin embargo, el estudio científico mantiene abierta esa interpretación y advierte que la forma excepcional del fósil no permite por sí sola colocarlo en la parte superior de la cadena alimentaria.
Por qué hicieron falta casi 30 años para identificarlo
La historia del descubrimiento comenzó a fines de la década de 1990, cuando Burkhard Pohl, fundador del Wyoming Dinosaur Center, encontró el primer ejemplar.
El fósil permaneció durante años sin recibir un estudio detallado. El avance decisivo llegó cuando el coleccionista Cliff Linster encontró un segundo espécimen cerca de Ten Sleep y lo donó al museo en 2019. La existencia de dos piezas permitió finalmente comparar sus características y establecer un género y una especie nuevos.
El nombre Wyoteuthis combina la abreviatura de Wyoming con la palabra griega para “calamar”, mientras que linsterorum homenajea a Linster y a su familia.
Qué legado dejó el hombre que encontró el segundo fósil
Cliff Linster murió en junio de 2026, antes de la publicación del trabajo, aunque llegó a saber que su hallazgo estaba siendo investigado.
Dean Lomax, que había conocido a Linster y a su esposa Sandy durante excavaciones en Montana en 2009, destacó el componente personal del descubrimiento.
“Es agridulce que no haya podido verlo publicado, pero es maravilloso que podamos inmortalizarlo a él y al apellido de su familia en la historia de la paleontología”, expresó.
Los dos únicos ejemplares conocidos de Wyoteuthis linsterorum se encuentran actualmente exhibidos en el Wyoming Dinosaur Center de Thermopolis.
Dos fósiles excepcionalmente raros encontrados en Wyoming permitieron identificar una nueva especie de pariente prehistórico de los calamares que habitó los mares de América del Norte hace aproximadamente 160 millones de años. El animal fue bautizado Wyoteuthis linsterorum y pertenecía a los belemnites, un grupo extinto de cefalópodos emparentado con los actuales calamares y pulpos.
El trabajo fue publicado en Papers in Palaeontology por Alexey Ippolitov, Jessica Lippincott, William Wahl y Dean Lomax. Su característica más llamativa es un rostro o guardia interno extremadamente ancho, con forma de barril, que lo convierte en uno de los belemnites más robustos conocidos hasta ahora.
Qué hace diferente a este extraño animal jurásico
Los belemnites aparecen con enorme frecuencia en el registro fósil. En la Formación Sundance de Wyoming se encontraron millones de sus características estructuras internas con forma de bala, conocidas localmente como “squid butts”.
Los ejemplares habituales de la región suelen medir entre 5 y 10 centímetros de largo y apenas uno o dos centímetros de ancho. Wyoteuthis, en cambio, presenta una guardia de unos 10 centímetros conservados y hasta seis centímetros de diámetro.
Los investigadores estiman, con cautela, que el animal completo podría haber alcanzado entre 55 y 60 centímetros incluyendo los brazos. El propio estudio aclara que una guardia gruesa no necesariamente significa que se tratara de un animal gigantesco: probablemente fuera relativamente corto y ancho.
Cómo descubrieron que pertenecía a una antigua familia
El paleontólogo de Wyoming Bill Wahl fue quien advirtió que aquel fósil “sobresalía como un dedo inflamado” entre los belemnites conocidos y reunió a un equipo internacional para estudiarlo.
Mediante tomografías computadas pudieron observar las estructuras internas sin destruir las piezas. El análisis permitió incluir a Wyoteuthis dentro de Megateuthididae, una familia que había prosperado anteriormente durante el Jurásico pero cuyas principales ramas habían desaparecido millones de años antes.
Ippolitov reconoció que quedó “profundamente sorprendido” ante un ejemplar tan distinto dentro de un grupo investigado durante más de dos siglos.
Qué pudo haber comido Wyoteuthis
Su peculiar anatomía también abrió interrogantes sobre su comportamiento.
Ippolitov planteó que el mayor tamaño podría haber representado una ventaja a la hora de capturar belemnites más pequeños del género Pachyteuthis, que compartían el mismo ambiente.