La catástrofe del volcán Kikai-Akahoya no solo provocó muertes y migraciones: mientras algunas comunidades desaparecieron, otras crecieron y se adaptaron de formas sorprendentes.
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En el sur de Kyushu, las poblaciones Jomon ya venían disminuyendo mucho antes de la erupción. Cuando ocurrió el desastre, quedaban relativamente pocas personas en la zona, visitada sobre todo por grupos muy móviles de recolectores. El panorama en el norte de Kyushu fue completamente distinto.
Crecimiento inesperado y migraciones hacia la costa
Allí la población venía aumentando y ese crecimiento se mantuvo durante y después de la catástrofe, a pesar del daño prolongado en los ecosistemas. Los investigadores sugieren que gente que huía de las áreas más afectadas pudo haber alimentado ese aumento. También hay indicios de que sobrevivientes del interior se mudaron hacia la costa norte.
Los ecosistemas marinos de esas zonas se recuperaron con relativa rapidez y ofrecieron recursos alimenticios valiosos. Al desarrollar nuevas formas de aprovechar la abundancia del mar, esas comunidades pudieron sostener un mayor crecimiento demográfico. El contraste entre el sur y el norte de Kyushu muestra que el impacto no fue uniforme ni predecible.
Más sorprendente aún fue descubrir cambios de población en regiones mucho más alejadas del volcán. Esas zonas habían experimentado crecimiento antes de la erupción, pero después ese aumento se detuvo o incluso se revirtió. Estas consecuencias demográficas a gran distancia no se habían reconocido antes.
Entre las posibles explicaciones figuran alteraciones climáticas temporales que afectaron a todo Japón, o el desgaste severo de los dientes de ciervos y jabalíes, dos fuentes importantes de alimento para los Jomon, posiblemente por pastar en paisajes cubiertos de ceniza. Otros efectos volcánicos sobre la salud y las condiciones de vida también podrían haber influido.
Lecciones sobre cómo las sociedades enfrentan catástrofes
Los hallazgos indican que las consecuencias de un desastre natural masivo pueden extenderse mucho más allá de las áreas de destrucción inmediata. Según Jordan, los efectos de las catástrofes rara vez son lineales. Incluso ante una destrucción abrumadora, las comunidades humanas responden de maneras distintas según sus circunstancias y las opciones disponibles.
El estudio aporta una comprensión más profunda de cómo las culturas enfrentan shocks repentinos. Incluso en las situaciones más difíciles, los sobrevivientes y las comunidades tienen elecciones, por limitadas que sean: deben actuar, decidir, ajustarse, colaborar y buscar nuevas conexiones y redes sociales. La adaptación humana ante la adversidad aparece como un factor clave.
Esta investigación, publicada en Science Advances, ofrece una mirada más matizada sobre un evento que marcó el Holoceno medio en Japón. Lejos de una narrativa simple de destrucción total o de supervivencia milagrosa, muestra un mosaico de declives, migraciones, innovaciones y crecimientos inesperados. La resiliencia de las comunidades Jomon frente a la ceniza y el caos sigue ofreciendo lecciones sobre la capacidad humana de reinventarse después de una catástrofe.
Hace unos 7300 años, una enorme erupción volcánica bajo el mar sacudió el sur de Japón. El volcán Kikai-Akahoya lanzó sismos potentes, tsunamis gigantescos y metros de ceniza que cubrieron el paisaje. En esa época vivían allí las comunidades Jomon, grupos de cazadores y recolectores. Durante décadas, los arqueólogos debatieron si el desastre había borrado por completo a las poblaciones cercanas o si algunas habían logrado sobrevivir. Una nueva investigación liderada por la Universidad de Lund muestra que la realidad fue mucho más compleja.
El equipo internacional, con participación de Cambridge y otros centros, analizó cómo cambió la demografía en distintas regiones del archipiélago. Sus resultados desafían las dos visiones extremas: ni fue un apocalipsis total ni un evento que dejó intactas a las sociedades cercanas. La erupción dañó gravemente los ecosistemas, obligó a mucha gente a abandonar sus territorios y dejó zonas inhabitables. Sin embargo, también reveló una notable capacidad de adaptación entre los sobrevivientes.
Volcan Kikai | revista Communications Earth & Environment
El autor principal, Enrico Crema, de la Universidad de Cambridge, resume el hallazgo: los sobrevivientes migraron, crearon nuevos lazos sociales, inventaron formas distintas de economía y encontraron maneras creativas de vivir y, más tarde, prosperar en las condiciones posteriores al desastre. El profesor Peter Jordan, de Lund, describe la erupción como un evento devastador que explotó desde el lecho marino casi sin aviso y golpeó las islas con fuerza.