Investigadores presentaron evidencias de lo que podría ser el primer caso documentado de una muerte causada por un trebuchet. El hallazgo se dio a conocer durante la reunión bianual de la Asociación Europea de Paleopatología y apunta a un joven escocés que habría perecido en el asedio al castillo de Stirling a comienzos del siglo XIV.
Los restos fueron recuperados en excavaciones realizadas en la década de 1990 en el emblemático fuerte escocés. El análisis del esqueleto, perteneciente a un hombre de poco más de veinte años, reveló un cuadro de traumatismos contundentes de extrema gravedad. Se contabilizaron más de 160 fracturas distribuidas en el cráneo, las costillas, las vértebras y los brazos.
La arqueóloga Jo Buckberry, de la Universidad de Bradford, examinó cada lesión y concluyó que la víctima sufrió un impacto catastrófico antes de morir. Según explicó, el patrón de daños indica que el golpe llegó desde atrás y con una velocidad enorme. “Parece que lo golpeó algo que viajaba a gran velocidad. Los casos más parecidos que encontraba eran choques de autos y personas atropelladas por trenes”, afirmó.
La pregunta que se planteó de inmediato fue cómo explicar un trauma de esa magnitud en la Escocia de 1304. Buckberry lo resumió con claridad: “¿Pero cómo se llega de ahí a un tipo en la Escocia medieval? ¿Qué es grande y se mueve muy, muy rápido en 1304?”. La respuesta apunta a un proyectil disparado por una máquina de asedio.

El contexto del asedio y la máquina de guerra
En 1304 el rey inglés Eduardo I lanzó un ataque sostenido contra el castillo de Stirling. Durante esa campaña se documentó el uso de trebuchets, catapultas de gran potencia capaces de lanzar proyectiles pesados a alta velocidad. Entre ellas se destacó una enorme máquina conocida como War Wolf, famosa por su capacidad destructiva.
Buckberry sostiene que el joven fue alcanzado por uno de esos misiles. El tipo de fracturas y la dirección del impacto coinciden con el efecto de un objeto lanzado desde una de estas armas de asedio. No se trata de heridas de combate cuerpo a cuerpo ni de caídas, sino de un trauma compatible con una colisión a gran velocidad.

El hallazgo aporta una pieza concreta a la historia de la guerra medieval. Hasta ahora se conocían relatos sobre el poder de los trebuchets, pero faltaba evidencia osteológica directa de una muerte atribuible a uno de ellos. Este esqueleto ofrece esa prueba física.
El estudio refuerza la idea de que las máquinas de asedio no solo derribaban murallas, sino que también podían alcanzar a combatientes o civiles que se encontraban en las cercanías. En este caso, el hombre recibió el golpe por detrás, lo que sugiere que quizá intentaba huir o no vio venir el proyectil.
Implicancias para la paleopatología
La comparación con accidentes modernos —choques de vehículos o atropellos ferroviarios— permitió a la investigadora dimensionar la fuerza involucrada. Esa analogía, lejos de ser anacrónica, ayuda a entender la violencia mecánica que podían generar las armas de la época.

El trabajo de Buckberry se inscribe en una línea de investigación que combina arqueología, antropología forense y análisis de trauma óseo. Al mapear cada fractura y descartar otras causas, logró una interpretación coherente con el contexto histórico del asedio de 1304.