A medida que pasan los años, bajar de peso —y en especial eliminar la grasa abdominal— se vuelve un desafío mayor. Aunque mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física son pilares básicos, muchas veces parece imposible lograr cambios visibles en la zona del abdomen. Sin embargo, la ciencia aporta un dato alentador: no se necesitan rutinas extremas para ver resultados.
Los especialistas distinguen dos tipos principales de grasa abdominal. Por un lado, la subcutánea, que se encuentra bajo la piel y es la más visible; y por otro, la visceral, que rodea órganos vitales como el hígado y el páncreas, asociándose a problemas graves de salud como diabetes tipo 2, hipertensión, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. La primera puede ser incómoda desde lo estético, pero la segunda es la que más preocupa en términos médicos.
De acuerdo con la doctora Isabel Viña Bas, la estrategia más efectiva para atacar ambas es el ejercicio de fuerza. Según un estudio citado por la especialista en sus redes sociales, “solo dos rutinas de entrenamiento de fuerza a la semana durante 16 semanas redujeron de manera significativa el porcentaje de grasa abdominal”. Además, estas actividades mejoraron un 46% la sensibilidad a la insulina, un factor clave para prevenir la obesidad y la diabetes tipo 2.









