En esta ocasión, Máxima llevó la tiara de tres puntas, la gargantilla y una de las pulseras del conjunto, dejando fuera el broche, los pendientes y la joya de corpiño. Combinó el look con pendientes florales de rubíes y diamantes, otra pulsera adicional y una cartera dorada con cristales de Carolina Herrera.
Estas joyas no solo representan un símbolo de estatus, sino también un lazo emocional: la princesa Amalia, heredera al trono, debutó recientemente con la tiara Mellerio, reafirmando la tradición familiar. De niña, incluso se la probó en secreto mientras su madre se preparaba para una cena de gala, en una escena íntima que luego fue publicada con motivo de su 18° cumpleaños.















