El conductor de La Voz Argentina elogió a Pergolini, evitó hablar de Granados y dejó en claro que la relación está rota
Compartir:
La rivalidad entre Nico Occhiato y Migue Granadosvolvió a quedar en evidencia en un incómodo cruce televisivo. Esta vez, fue durante una nota en Intrusos (América) donde el nuevo conductor de La Voz Argentina no disimuló su incomodidad al ser mencionado el nombre de Granados.
Occhiato explicó que se reunió con Mario Pergolini tras las acusaciones de este último sobre supuestos "datos irreales" en las métricas de Luzu TV.
“Le escribí para tomar un café y charlar. Fue una charla re amena. Le dije que me dolía que alguien que admiro piense eso”, aseguró. Según relató, revisaron la computadora y el malentendido quedó saldado.
Sin embargo, la tensión surgió cuando el cronista Alejandro Guatti de Intrusos le preguntó por Migue Granados. Ahí, el tono cambió por completo: “Me guardo para mí lo que pasó con Migue Granados. No hay nada para opinar”.
Nico Occhiato se refirió a Migue Granados.
Cuando el periodista insistió y preguntó si se sentía dolido, Occhiato respondió seco: “No saques tus conclusiones. Yo solo te digo que no tengo nada para opinar”.
“Este número no es real. A esta hora solemos tener siempre 15 mil menos de audiencia. Nos mandaron bots y esta cuenta sube esto a los dos minutos. Muy raro todo…”, denunció en vivo.
En ese mismo descargo, dejó clara su postura: “No estamos compitiendo con nadie. No nos interesa ganarle a nadie ni alardear números”.
Aunque no mencionó directamente a Granados, del canal Olga, sus palabras se interpretaron como una crítica velada, considerando que tiempo atrás ambos intercambiaron chicanas mediáticas.
Occhiato cerró aquel mensaje con frustración: “Solo tratamos de hacer el mejor contenido posible para nuestra comunidad. Me da mucha impotencia que pase esto. Trato de no meterme ni contestar, pero me está ganando la emoción. Quiero dejarlo asentado para que no hablen boludeces”.
La tensión entre ambas figuras del streaming argentino sigue latente. Aunque Occhiato intentó mostrarse medido, sus gestos y respuestas reflejaron una distancia que, al menos por ahora, parece irreparable.