Después de más de dos décadas en el espacio y de un intento de rescate que no prosperó, el observatorio espacial Neil Gehrels Swift de la NASA está a punto de reingresar a la atmósfera terrestre. El satélite, que pesa alrededor de 1.450 kilos y tiene un tamaño similar al de un ascensor grande, probablemente se desintegre en gran parte, aunque algunos fragmentos podrían llegar a la superficie.
Lanzado el 20 de noviembre de 2004, Swift fue diseñado para detectar y estudiar los estallidos de rayos gamma, unas de las explosiones más energéticas del universo. Contaba con tres telescopios que le permitían localizar estos eventos y avisar de inmediato a observatorios en tierra para continuar las observaciones. Aunque estaba pensado para funcionar solo unos pocos años, superó ampliamente su vida útil prevista.
Durante su larga carrera, el satélite aportó datos clave sobre supernovas y sobre cómo los agujeros negros destruyen estrellas. Observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y casi la misma cantidad de supernovas. Esa información sirvió de base para más de 7.000 trabajos científicos. Su archivo de observaciones en múltiples longitudes de onda seguirá generando descubrimientos durante décadas.












