Cuando el príncipe William le propuso matrimonio a Kate Middleton en 2010, no eligió cualquier anillo. El heredero al trono británico decidió entregar una joya con un profundo significado familiar: el mismo anillo de compromiso que su padre, el entonces príncipe Carlos, le había dado a Lady Diana Spencer en 1981.
La pieza es uno de los objetos más emblemáticos de la historia reciente de la monarquía británica y se convirtió en un símbolo del legado de Diana dentro de la familia real.
El anillo está compuesto por un zafiro de Ceilán ovalado de 12 quilates, rodeado por 14 diamantes y montado sobre oro blanco de 18 quilates. Su diseño clásico y su intenso color azul lo transformaron en una de las joyas más reconocidas del mundo.

Sin embargo, detrás de su belleza también existe un costado menos conocido que genera gran interés entre historiadores y expertos en joyería.
Según explicó Ben Roberts, directivo de la firma de joyería Clogau, conservar una pieza con tanto valor histórico implica un cuidado muy particular.
El especialista señaló a la revista Hello! que la mayoría de las personas desconoce el nivel de mantenimiento que requiere una joya de estas características.








