Los taxistas y remiseros volvieron a cortar calles en Córdoba bajo el argumento de exigir una regulación para las aplicaciones de transporte. Sin embargo, detrás del reclamo, se esconde la negativa a competir en igualdad de condiciones con un servicio más eficiente, transparente y accesible. Su resistencia es, en realidad, una maniobra corporativa para frenar la modernización del sistema.
El titular del sindicato, Miguel Arias, acusó a las plataformas de “depredar la actividad”, sin reconocer que los usuarios prefieren esas opciones por sus beneficios. Las apps ofrecen precios claros, geolocalización y calificación del conductor, ventajas que los taxis tradicionales nunca garantizaron. Su rentabilidad cayó, no por persecución, sino por falta de adaptación y mejores respuestas a las demandas.













