Bordaberry, el campeón de la “institucionalidad” trucha: defender a Orsi no es patriotismo, es complicidad con la corrupción
Pedro Bordaberry, senador colorado y líder de Vamos Uruguay, salió a bancar a Yamandú Orsi con un discurso que ya es antológico de la hipocresía política uruguaya. En lugar de exigir explicaciones claras, transparencia total y consecuencias, Bordaberry llamó a la clase política a “no insistir más del tema de la camioneta” para “respetar la institucionalidad”. Según él, “no alimentando más el asunto” estamos “apoyando al Uruguay todo”, no al gobierno.
¿Respetar la institucionalidad es esto, Pedro? ¿Es mirar para otro lado cuando el Presidente de la República se compra una Hyundai Santa Fe híbrida cero kilómetro por US$ 54.000 cuando vale US$ 79.000 en el mercado? ¿Es aceptar que entregue como parte de pago su camioneta vieja y, encima, un Renault Stepway que le donaron durante la campaña electoral? ¿Es tolerar que use un auto de la misma automotora para desfilar el 1° de marzo en la asunción presidencial? ¿Es callarse cuando su declaración jurada ante la JUTEP no cierra ni con agua caliente?
No, Bordaberry. Eso no es institucionalidad. Eso es tolerancia a la corrupción. Es el clásico “métanle la mano en el bolsillo al contribuyente y después pidan que no se hable”. La institucionalidad verdadera no se defiende tapando trapos sucios. Se defiende investigando, exigiendo responsabilidades y, si corresponde, echando al que se porta mal. Punto.
La periodista Patricia Madrid, en su programa Así Nos Va de Radio Carve, fue la que destapó el quilombo con datos duros: inconsistencias groseras entre la factura y la declaración jurada de Orsi, un descuento de 25 mil dólares que huele feo. Madrid no inventó nada. Mostró documentos. Y por eso Bordaberry quiere que “no se alimente más el asunto”. Porque la verdad duele cuando te toca defender lo indefendible.
El semanario Búsqueda fue más allá y reveló el detalle que remata la película: Orsi no solo entregó su Hyundai 2020, sino también el Renault donado por la automotora Car One durante la campaña. O sea, usó un bien de la campaña para beneficio personal post-electoral. ¿Eso es ético? ¿Eso es “institucional”? Para Bordaberry sí, porque hay que “apoyar al Uruguay”. Para cualquier ciudadano con dos dedos de frente, es un escándalo que merece investigación seria, no un “dejen de hablar, che”.
Yamandú Orsi tiene que renunciar ya. No alcanza con el video lacrimógeno pidiendo “disculpas si ofendí” ni con la donación tardía de la camioneta a la ANEP para “evitar especulaciones”. Eso es damage control barato. El Presidente llegó al cargo prometiendo austeridad, transparencia y “otra forma de hacer política”. Lo primero que hizo fue agarrar un descuento millonario de una empresa privada justo antes de asumir. Si eso no es abuso de poder, que alguien me explique qué es.
Juicio político ya. La oposición tiene que unirse y pedirlo. No por revanchismo, sino por decencia institucional. Porque si hoy se banca esto, mañana cualquier presidente se va a sentir con derecho a recibir “descuentos” de empresas que después le van a pedir favores. ¿Eso queremos para Uruguay?
Bordaberry, con su discurso de “no insistamos para no parar al país”, está haciendo exactamente lo contrario de lo que dice defender. Está parando la credibilidad de la democracia. Está diciéndole a la gente que la corrupción de los de arriba es intocable si “hay mucho de institucionalidad en esto”.
No, Pedro. La institucionalidad no se respeta callando. Se respeta exigiendo que el Presidente rinda cuentas como cualquier uruguayo. Orsi tiene que irse. El juicio político tiene que avanzar. Y Bordaberry, si tanto ama las instituciones, que empiece por no defender a los que las ensucian.
Porque tolerar corrupción no es patriotismo. Es traición al Uruguay de verdad.