El presidente Yamandú Orsi confirmó, con su inacción, que Uruguay queda fuera del “Escudo de las Américas”, la iniciativa regional impulsada por Estados Unidos para combatir de forma coordinada el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y el lavado de activos. Orsi se limitó a calificar de “raro” que no hubiéramos sido invitados y a decir que “cuando surjan problemas concretos” estaremos dispuestos. Ninguna gestión activa, ninguna solicitud formal de ingreso, ninguna señal clara de alineamiento con los países que sí decidieron enfrentar el problema de frente. Es una elección política: una línea tibia, complaciente y peligrosa con la delincuencia internacional.100
Mientras la región avanza en inteligencia compartida, operativos conjuntos y presión real sobre las rutas de droga, Uruguay opta por mirar desde la tribuna. TCP, puertos, aeropuertos y fronteras siguen siendo eslabones expuestos en un continente donde el crimen no pide permiso.
La supuesta “estabilidad relativa” es cada vez más frágil
Se repite hasta el cansancio que Uruguay goza de “estabilidad relativa”. Pero esa estabilidad es cada vez más relativa y menos estable. Las incautaciones de cocaína e insumos químicos siguen batiendo récords año tras año. Los homicidios vinculados a ajustes de cuentas entre bandas aumentaron. El lavado en sectores inmobiliario, financiero y de criptoactivos es una preocupación recurrente de organismos internacionales. El Puerto de Montevideo y Carrasco aparecen una y otra vez en operativos que revelan que el país ya no es solo un lugar de paso ocasional, sino un nodo cada vez más funcional para organizaciones que mueven miles de millones.
En este contexto, declinar —por omisión— formar parte de un escudo que precisamente busca anticipar y golpear esas redes es una decisión irresponsable. No es neutralidad: es dejarle campo libre al enemigo. El crimen organizado actúa con lógica empresarial: donde hay menor riesgo policial, judicial y diplomático, invierte más. Uruguay, con su ubicación, sus instituciones relativamente intactas y su economía dolarizada en varios circuitos, resulta atractivo para quien busca blanquear, almacenar o transitar mercancía ilícita.








