La República Oriental del Uruguay asiste, una vez más, al espectáculo de siempre. En el Parlamento y en los medios, la clase política se desgarra las vestiduras por el caso Cardama: garantías truchas, pagos anticipados sin documentación original, prórrogas políticas, acusaciones cruzadas entre el gobierno anterior y el actual, interpelaciones, comisiones investigadoras y carpetazos mutuos que llenan titulares. Se pelean por unos barcos que nunca llegaron, por millones de euros que se esfumaron en un contrato fallido y por quién tiene la culpa de la negligencia. Mientras tanto, a 150 millas náuticas al sureste de Punta del Este, y más allá de la milla 200, una armada fantasmal de poteros chinos opera con impunidad casi total. Pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). Compite de manera desleal y depredadora contra la flota oriental. Y nadie parece interesado en mirar el mar.0
Los datos son contundentes y no admiten eufemismos. En 2024, aproximadamente 231 embarcaciones extranjeras ingresaron a aguas uruguayas a pescar de forma ilegal: un barco cada día y medio, según exposiciones ante la Comisión Especial del Frente Marítimo de la Cámara de Diputados.4 La mayoría son poteros de bandera china dedicados al calamar. La Armada Nacional ha tenido que protagonizar persecuciones nocturnas: en un caso reciente, el ROU 23 “Maldonado” y una aeronave naval detectaron buques con luces encendidas (técnica típica de la pesca de calamar) dentro de la Zona Económica Exclusiva. Hubo intento de fuga, persecución de horas y abordaje. En la bodega de víveres de uno de ellos aparecieron 11 toneladas de calamar embolsado. Casos como el del Lu Rong Yuan Yu 606 no son excepciones: son el patrón.27









