Silvia Nane, exsenadora del Frente Amplio, ultra feminista, militante comunista y actual Directora de Desarrollo Sostenible e Inteligente de la Intendencia de Montevideo (sí, la misma que cobra su sueldazo con plata de todos los montevideanos), tuvo un momento de lucidez involuntaria. En una entrevista reciente en VTV, soltó sin anestesia: “Estamos en una coyuntura en la que es muy difícil ser un gobierno de izquierda. El avance de las ultraderechas ha dejado a estos gobiernos muy cercados, tanto en lo mediático como frente a las fuerzas económicas. Es una embestida mundial y particularmente dirigida contra las izquierdas”.
Traducido al uruguayo de a pie: “Estamos jodidos porque ya no podemos gastar como antes”. Porque eso es, al final del día, lo que la izquierda uruguaya (y la mundial) entiende por “gobernar”: agarrar la billetera del Estado, abrirla de par en par y repartir como si fuera confeti en carnaval. Sin plata ajena para despilfarrar en planes, subsidios, cargos políticos, ONGs amigas y clientelismo puro, el castillo de naipes se derrumba.
Y aquí viene el sincericidio que cualquiera con dos dedos de frente puede detectar: Nane no está hablando de eficiencia, de inversión productiva ni de resultados. Está confesando que el modelo de izquierda depende de dinero ilimitado para repartir. Cuando no hay vaca gorda (o cuando la vaca ya está flaca porque la ordeñaron 15 años seguidos), “es muy difícil”. No es que sean malos administradores… es que sin despilfarro no funcionan.
Recordemos la historia reciente, porque la memoria es corta pero los números no mienten:
• Durante los tres gobiernos del Frente Amplio (2005-2020), el gasto público creció como espuma. Se crearon ministerios, se multiplicaron las direcciones, se inflaron las plantillas estatales y se repartieron subsidios a mansalva. Funcionó mientras la soja valía oro y el mundo nos prestaba plata barata.








