El gobierno de Yamandú Orsi dio un paso en la dirección correcta al anunciar el despliegue de vehículos blindados del Ejército Nacional para apoyar el patrullaje policial en los barrios más peligrosos de Montevideo.
Es una medida sensata. Los recursos militares no pueden quedar parados mientras el crimen organizado y la inseguridad escalan. Usar esa infraestructura (vehículos Mamba y personal capacitado) bajo mando policial para redoblar la presencia del Estado en zonas críticas es lógico y necesario.
Sin embargo, es claramente insuficiente
Acompañar a la policía con vehículos blindados ayuda a la disuasión y a la protección de los agentes, pero no cambia la ecuación de fondo. Mientras los delincuentes sigan percibiendo que el riesgo de ser detenido es bajo y que las consecuencias son leves, la inseguridad no se detendrá. Uruguay necesita mucho más que apoyo logístico: necesita represión efectiva y ejemplar.
Lo que falta: mano dura real












