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Economía

El mercado inmobiliario argentino se cae a pedazos por la cuarentena

La actividad inmobiliaria atraviesa uno de los peores momentos en toda la historia argentina. Ya en el 2019 el sector mostraba indicadores inferiores al 2002, y ahora por la cuarentena se acerca a un parate total. En Abril solo hubo 7 ventas de propiedades en toda la CABA.

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La cuarentena se mantuvo vigente casi sin ningún tipo de flexibilidad durante todo el mes de abril. El confinamiento obligatorio destruyó la actividad inmobiliaria, y solamente se lograron realizar 7 operaciones de compraventa de inmuebles en la Ciudad de Buenos Aires. Así lo anunciaron desde el Colegio de Escribanos de la Capital Federal, quién releva la estadística del sector inmobiliario. 

El dato de abril marca una caída sin precedentes.
El número de transacciones de desplomó un monstruoso 99% con respecto al 2019. Prácticamente todo el mercado inmobiliario dejó totalmente de funcionar. Las siete operaciones realizadas fueron catalogadas como medidas de extrema necesidad, y el número roza lo ridículo, en comparación con las 4.000 operaciones que se realizaban el año pasado

Estas operaciones involucradas alcanzaron un monto de apenas $20,7 millones. Este dato es el peor en la historia reciente de compraventa de inmuebles la ciudad. 

Las cifras son aún peores a las registradas durante la crisis del 2001 y 2002, así como también el período del cepo kirchnerista entre 2011 y 2015. Según el Colegio de Escribanos, en abril de 2020 no se realizó ninguna escritura formalizadas con hipoteca bancaria, es decir, esta modalidad desapareció en tan solo un mes.
Si bien la actividad de los escribanos fue clasificada como esencial desde el 6 de abril, solamente se limitó la actividad a otras cuestiones también consideradas esenciales.

Es decir, la actividad se restringió a servicios médicos, humanitarios, u pocos rubros seleccionados. La parálisis total significó un quiebre en la ya declinante tendencia del sector inmobiliario. En 2019, un año marcado por la devaluación y la recesión, el rubro inmobiliario había registrado una merma del 40% en las operaciones de compraventa de inmuebles, con respecto a la medición interanual, mostrando ya una caída peor a la que hubo por la crisis del 2001.

Carteles de venta de inmuebles se ven por toda la ciudad, pero por la cuarentena no hay nadie que pueda efectivamente realizar una venta.

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Por su parte, la actividad inmobiliaria se mantuvo sin operar desde el comienzo de la cuarentena. Existen pequeñas operaciones, pero no se habilitaron permisos de autorización para que los compradores puedan visitar los departamentos en venta

El Colegio Profesional de Corredores Inmobiliarios (Cucicba) realizó una petición al gobierno porteño para la habilitación de esta clase de permisos.
La actividad solamente se limita al funcionamiento de oficinas, cuestiones administrativas, pero sin autorizaciones para que los compradores puedan acceder a los inmuebles, el sector seguiría paralizado y adquirir nuevos contratos sería imposible. El Colegio Profesional presentó una serie de disposiciones que podrían garantizar el distanciamiento social y las medidas de higiene, y al mismo tiempo posibilitar la reapertura del sector. 

Se relevó una gran cantidad de interesados en la adquisición de inmuebles, y solamente bastaría con flexibilizar las medidas de aislamiento para reactivar lo que queda del rubro. Se torna cada vez más necesario devolver la libertad para realizar operaciones, pues muchas personas necesitan urgentemente disponer de una vivienda, y otros necesitan el efectivo de una venta para cubrir gastos mensuales de extrema necesidad, que no podrían mantener de otra forma. La angustia de la que habló el presidente se extiende mucho más allá de la salud.  

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Economía

Boric promete revisar los acuerdos comerciales de Chile y crece la incertidumbre

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La victoria de Boric supone un paño frío para la proliferación del comercio exterior chileno, y los documentos celebrados hasta la fecha serán sujetos a revisiones. El acuerdo firmado entre Bolsonaro y Piñera podría verse saboteado por las políticas del nuevo Presidente electo.

Tras el triunfo de la extrema izquierda en Chile, crece la idea de revisar los acuerdos comerciales firmados en los últimos años. El entonces candidato Gabriel Boric prometía realizar revisiones de acuerdo a estándares de “equidad”, “desarrollo sostenible” y “trabajo decente”, ampliando la maniobrabilidad de Chile para imponer nuevas regulaciones que de otra forma estarían limitadas por las cláusulas actuales.

Entre otros objetivos, las famosas revisiones de Gabriel Bocir plantean la marcha atrás con la flexibilización del mercado laboral, las imposiciones de nuevas cláusulas y regulaciones de índole ecologista, y la limitación de la apertura económica con un supuesto objetivo basado en la equidad.

En particular, el tratado de libre comercio entre Chile y Brasil se torna de gran importancia para el comercio exterior de ese país con la región, siendo el acuerdo más importante de Chile en los últimos años.

Este acuerdo entre Sebastián Piñera y Jair Bolsonaro busca profundizar el comercio entre ambos países y continuar con la agenda aperturista comenzada en 1996. Se determinó una fuerte rebaja arancelaria y se trataron objetivos de modernización del mercado laboral. Por otra parte, el acuerdo contempla un consenso sobre la inversión en el sector financiero entre ambos países, y la facilitación de la inversión directa.

El documento firmado por ambos presidentes facilita, además, que empresas en Chile y Brasil puedan participar de licitaciones de compras públicas en ambos países. Esta iniciativa rescata y afianza otro acuerdo que ya había sido formulado en 2018 bajo la dirección de Temer y el propio Piñera.

Los presidentes Jair Bolsonaro y Sebastián Piñera reunidos por el motivo de un nuevo acuerdo comercial entre Chile y Brasil.

Boric asegura que su intención no es romper los acuerdos internacionales, pero la polémica por sus ideas poco convencionales no tardó en sembrar incertidumbre en los mercados. En sus propias palabras, Boric estableció su intención de crear una “inserción inteligente” en los mercados internacionales, un discurso que guarda muchas semejanzas con las declaraciones de Alberto Fernández en Argentina.

El discurso de Boric parecía insinuar una cierta moderación, pero las propuestas de su propio partido, Apruebo Dignidad, plantean un cambio radical del modelo económico chileno y un mayor aislacionismo comercial como el que llevó adelante Argentina y Venezuela.

Ante la incertidumbre, la Unión Europea le solicitó formalmente al presidente electo de Chile una mayor profundización del acuerdo comercial entre ambas regiones, y el cese de la agenda aislacionista que pregona la izquierda extremista en América Latina.

Se teme, además, que bajo la futura presidencia de Boric se avance en la instalación de regulaciones y limitaciones no arancelarias, del mismo modo en que lo hace el Gobierno de Alberto Fernández en la Argentina. Estas medidas podrían ser incluso más restrictivas de lo que son los aranceles comunes.

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Economía

Se desacelera la recuperación laboral en EE.UU: las solicitudes por desempleo aumentan hasta 286.000

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En los primeros 15 días del mes de enero, los reclamos por seguros de desempleo registraron la cifra más alta desde octubre del año pasado, marcando una fuerte desaceleración de la recuperación laboral en la economía más importante del mundo.

El Departamento de Trabajo de los Estados Unidos reveló que fueron registradas un total de 286.000 solicitudes contra la desocupación hasta la semana que finalizó el 15 de enero. Esto marca un nuevo récord desde octubre de 2021, y supone un freno al rápido rebote del mercado laboral que se venía produciendo desde la segunda mitad del 2020.

Nuevamente, las estimaciones de Bloomberg fallaron por ser exageradamente optimistas, pues se esperaba alcanzar una cifra desestacionalizada en torno a las 225.000 solicitudes. Las proyecciones con exceso de optimismo se producen mes tras mes desde la asunción de Joe Biden, aunque jamás pudieron materializarse en la práctica.

Cabe resaltar que durante la presidencia de Donald Trump ocurría un fenómeno radicalmente opuesto: las proyecciones eran habitualmente pesimistas, pero las cifras oficiales las superaban recurrentemente.

Los datos para enero de 2021 fueron ajustados por estacionalidad, debido a que de esta forma resulta posible comparar entre distintos meses de forma rigurosa. Sin tener en cuenta este ajuste estacional, el número efectivo de personas que solicitaron un seguro por desempleo fue de 337.417 hasta el 15 de enero.

De todas maneras, y aún sin ajuste estacional, la desaceleración del rebote laboral puede observarse también en las proyecciones propias que realizó el Departamento de Trabajo. La estacionalidad característica del mes de enero induce siempre a una fuerte caída de los seguros por desempleo, pero mientras el Gobierno esperaba una caída del 33%, la cifra efectiva llegó a solo el 19,8% con respecto a la semana anterior.

La cantidad de personas que reclamaron su seguro por desocupación aumentó en 55.000 con respecto a la primera semana del mes de enero. La tendencia alcista también puede percibirse si se compara contra los datos de la última semana de diciembre, por lo que la desaceleración laboral ya acumula tres semanas.

La tasa de desocupación de los Estados Unidos volvió a caer por debajo del 4% al término del mes de diciembre, como resultado de la fuerte flexibilidad laboral que existe en ese país y la rápida recuperación económica en “forma de V” desarrollada mayormente en los últimos meses de la gestión de Trump.

Sin embargo, el crecimiento del fenómeno inflacionario se perfila como el principal problema económico que actualmente enfrenta la economía estadounidense. La administración de Biden aún no dio respuestas contundentes y, como ocurre con el poder adquisitivo, la inflación también erosiona poco a poco la imagen política del Presidente.

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Economía

La insistencia de Guzman con el FMI: el pago de la deuda podría dejar al Central sin reservas líquidas

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Dentro de los siguientes nueve días vencen alrededor de 1.100 millones de dólares y el Central se podría quedar casi sin reservas líquidas. Aumentan los rumores de un default con el Fondo.

Para el viernes próximo Argentina tendrá que pagar 719 millones de dólares al FMI y tres días después serán otros 369 millones de dólares. Este será el último pago que Argentina pueda hacerle al Fondo con las reservas que se encuentran en el Banco Central para poder continuar con la negociación sin entrar en atrasos. El ministro Guzmán insiste ante la prensa internacional en que necesita más tiempo para llegar a un acuerdo.

Además aumentan las especulaciones que el Gobierno podría no pagar para no perder los últimos 1100 millones de dólares que le quedan de reservas líquidas. Al fin y al cabo, esa suma es algo más del doble que las reservas que el Banco Central perdió en la primera mitad de enero y en febrero se deben pagar 195 millones de dólares de intereses al Club de París.

Dentro del oficialismo hay quienes creen que debería necesario mostrarse duros y dejar de pagar para enviar una señal de intransigencia frente a la exigencia de un ajuste recesivo, mientras que en el entorno del ministro niegan que patear el tablero a altura de las negociaciones esté en los planes de Guzmán.

Por otro lado, en Economía insisten en que, si bien hay tensión, se debe mantener la cordialidad con los técnicos del staff del FMI. Y enfatizan que los avances son lentos, pero los hay y habrá que continuar con la negociación.

La diferencia entre pagar y no pagar no es solamente contable en materia de reservas internacionales, sino de tiempos. Dejar de pagar casi 1.100 millones de dólares implica adelantar dos meses el ingreso formal en atrasos con el Fondo, que se concretaría entonces a finales de julio y no a finales de septiembre. Al fin y al cabo el siguiente vencimiento no es sino hasta el 21 de marzo. Con eso conseguiría comprar algo más de un mes de reservas, aunque la aceleración de la demanda de divisas puede volverlo incluso un período más corto.

No necesariamente entrar en impagos implica el fin de las negociaciones, de hecho en general los países que entraron en atrasos continuaron negociando y solo fueron un puñado los que llegaron a los seis meses, a la fecha límite de los “protracted arrears”, es decir de los atrasos que el Fondo Monetario no puede volver a financiar.

Con depósitos bancarios del sector privado de casi 8 billones de pesos con tasas de interés para los plazos fijos de 3,25% mensual sensiblemente menores a la inflación esperada para comienzos de año, un desarme de depósitos puede rápidamente presionar sobre la brecha cambiaria y volverse contra las reservas incluso sin que el Banco Central destine divisas a los mercados bursátiles.


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