La CAEM aseguró que la ley brinda previsibilidad y permitirá avanzar con proyectos frenados hace años.
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La aprobación definitiva de la reforma de la Ley de Glaciares fue celebrada por el sector minero como un punto de inflexión para la economía argentina. Con 137 votos afirmativos, 111 negativos y 3 abstenciones, la Cámara de Diputados convirtió en ley una modificación largamente reclamada por las provincias productivas y por la industria.
Distintas estimaciones privadas sostienen que la nueva claridad normativa podría ayudar a destrabar inversiones por entre US$30.000 millones y US$40.000 millones, con eje en grandes proyectos de cobre que habían quedado frenados o demorados por la falta de definiciones precisas sobre el alcance del ambiente periglacial.
La sanción de la ley generó grandes expectativas en el sector.
Desde la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) remarcaron que la reforma no elimina la protección ambiental, sino que la vuelve más precisa. La entidad destacó que ahora será posible identificar con mayor claridad qué áreas deben preservarse y en cuáles se podrá desarrollar actividad productiva bajo estrictos estándares ambientales, técnicos y de control.
Ese era, justamente, uno de los principales reclamos de la industria y de los gobernadores de provincias cordilleranas: terminar con una redacción difusa que durante más de una década dejó en pausa proyectos estratégicos. Entre los desarrollos que podrían ganar impulso aparecen Vicuña, El Pachón y Los Azules en San Juan, además de MARA en Catamarca y Taca Taca en Salta, todos vinculados al crecimiento esperado del cobre.
La victoria legislativa del Gobierno implicará un gran salto productivo para el país.
El oficialismo logró una victoria legislativa de alto impacto económico. La reforma alinea la protección ambiental con un criterio técnico más concreto y refuerza el rol de las provincias en la validación de las áreas protegidas, un punto clave para avanzar hacia un federalismo productivo real. Frente a la resistencia de sectores ambientalistas y de parte de la oposición, el Gobierno consiguió imponer una lógica más racional.
Para la industria minera, Argentina empieza a ofrecer un marco más previsible para competir por capitales globales en minerales críticos. Y en un contexto internacional en el que el cobre, el oro, el litio y el uranio ganan centralidad, la nueva Ley de Glaciares puede convertirse en una pieza decisiva para transformar potencial geológico en crecimiento concreto y sostenido a largo plazo.