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Economía

Se disparó el déficit fiscal y la principal fuente de financiación viene siendo la emisión monetaria

El resultado fiscal para el mes de abril arrojó un enorme aumento de los gastos nacionales, mientras que se desplomó la recaudación, generando un déficit fiscal sin precedentes que está siendo financiado desde abril con emisión del BCRA.

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El Ministerio de Economía relevó ayer el último informe para las cuentas públicas, tomando como criterio de medición la base caja. El resultado para abril fue verdaderamente preocupante: los ingresos solamente aumentaron un 14%, mientras que los gastos primarios lo hicieron en un 96,8%

Las transferencias al sector privado se incrementaron un 231%, como resultado de las medidas de contención ante el aislamiento social. Esto implica toda clase de subsidios como el IFE y ATP, el pago del bono en haberes mínimos y el programa de tarjetas alimentarias.

Con la caída de los ingresos provinciales, el Estado nacional incrementó más de un 900% las transferencias en términos interanuales, en forma de adelantos transitorios del Tesoro. El comportamiento de las cuentas públicas refleja un desequilibrio importante, un aumento del gasto en términos reales, y un derrumbe importante en los ingresos.

Naturalmente, el déficit fiscal aumentó notoriamente. El déficit primario alcanzó la suma de los $228.821 millones para el mes de abril, mientras que el resultado financiero trepó a los $266.049 millones. Es importante señalar que este resultado se elaboró usando como criterio de medición la base caja. Es decir, solamente se computaron los gastos e ingresos que efectivamente se realizaron durante el mes, y no las numerosas obligaciones del Estado, que corresponden a un determinado ritmo de devengamiento. 

En otras palabras, el déficit financiero está subestimado por el criterio de medición. En realidad es mayor.

Y lo peor de estos números, es que para pagar este enorme déficit fiscal, la principal fuente de financiación utilizada fue la emisión monetaria desde marzo.

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Aún tomando la metodología propuesta en los datos de abril, los resultados fiscales continúan con una importante tendencia hacia el deterioro. Esta tendencia podría ser condicionante de cualquier negociación de la deuda con los acreedores, pues implica agravar aún más la situación financiera del país. 

Desde diciembre de 2019, el gobierno de Alberto Fernández y su equipo económico decidieron despegarse del sendero hacia el equilibrio fiscal. El plan económico heterodoxo inicial ya estaba deteriorando las cuentas públicas, aún antes de la llegada del OVID-19 y la implementación de las medidas restrictivas. 

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El último dato sobre el déficit financiero durante el gobierno de Mauricio Macri, arrojaba un rojo de 3,76%. Este número alcanzó el 4,8% en marzo de este año, y el dato para abril sería aún peor. Nuevamente, la medición utilizada subestima el verdadero peso del déficit en la economía (utilizando el criterio de devengado hubiera alcanzado el 5,2% en 2019), pero permite observar el impacto del programa económico inicial de Martín Guzmán. 

Se concluye que la situación financiera en marzo ya era crítica, y abril simplemente consolidó la tendencia a partir de un nuevo fuerte shock externo, como lo es la pandemia. 

La emisión monetaria resultante del desequilibrio parece el único instrumento posible que le queda al Estado para poder costear sus crecientes necesidades.
El Banco Central asegura que gran parte de la emisión sería compensada con un aumento en la demanda de dinero por parte de los tenedores de pesos, y por lo tanto se atenuaría el impacto sobre los precios. 

Sin embargo, no hay grandes expectativas para que eso ocurra, sino todo lo contrario. Actualmente el efecto inflacionario se encuentra “apagado” debido a la baja velocidad de circulación monetaria como consecuencia directa del confinamiento obligatorio, pero se espera una fuerte presión futura para el último trimestre del año. 

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Economía

Guzmán se queda pero con la condición de usar los dólares del FMI para la campaña

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Tras el colapso del Frente de Todos en las urnas, la Vicepresidente se impuso al propio Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán, y decidió emplear una maniobra para utilizar recursos brindados por el FMI para disparar el gasto público en cara a la campaña electoral.

En las últimas horas, la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner demostró nuevamente tener el control real de la coalición oficialista, e impuso su voluntad por sobre la del ministro de Economía y la del propio Alberto Fernández.

A través de un decreto, el Gobierno utilizará los dólares del Fondo Monetario Internacional en el Banco Central para encarar una violenta expansión del gasto público como campaña para las elecciones de noviembre. El kirchnerismo apuesta por el despilfarro de recursos para mejorar su posición política hasta las últimas consecuencias y bajo cualquier costo.

De la misma manera en que se hizo en 2009, el Gobierno colocó Letras intransferibles al Banco Central por las cuales podrán hacerse de unos US$ 4.334 millones en concepto de Derechos Especiales de Giro (DEG), una suerte de divisa internacional convertible con el dólar y establecida por el FMI.

Estas medidas fueron establecidas para eludir las restricciones que establece la Carta Orgánica del BCRA, las cuáles indican que la autoridad monetaria solo puede girar a Tesorería hasta un 20% de la recaudación acumulada en 12 meses y hasta un 12% de la base monetaria si es preciso.

Al emplear las Letras intransferibles, las restricciones no se ven violentadas en términos contables y legales, pero en términos económicos el BCRA pierde recursos propios que habían sido otorgados por el FMI para fines muy específicos, y el Tesoro adquiere recursos para fomentar políticas socialistas.

Pero esta maniobra no resulta fortuita para el funcionamiento de la economía. Hasta ahora, el ministro Martín Guzmán se había negado a utilizar estos recursos e intervenir el Banco Central debido a la presión inflacionaria que deriva directamente de este tipo de políticas arbitrarias.

Para concretar las operaciones, y dado que los DEGs depositados en el Banco Central son del Tesoro y que este debe emplear gastos en pesos, el BCRA compra esos DEGs con una agresiva emisión monetaria y estos recursos son finalmente lanzados a la economía mediante una política fiscal extremadamente expansiva.

Las consecuencias esperables de estas medidas son claras: una mayor presión sobre el dólar en el mercado paralelo, mayor desequilibrio externo, mayor brecha cambiaria, y finalmente una mayor presión inflacionaria.

El kirchnerismo podría desarticular completamente toda la corrección fiscal realizada desde diciembre del año pasado y desequilibrar la economía, pues el sobrante monetario es actualmente el principal problema que enfrenta Argentina.

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Economía

El director del Banco Nación propuso crear un sistema monetario similar al de Cuba

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El economista ultra-kirchnerista Claudio Lozano, nombrado presidente del Banco Nación por Alberto Fernández, propone crear un sistema monetario similar al que tiene Cuba y limitar severamente la compra de dólares en el país.

En el marco de la amplia derrota del kirchnerismo, Claudio Lozano, economista fanáticamente kirchnerista y actual director del Banco Nación, propuso en diálogo con C5N una polémica reforma monetaria en la cual los argentinos perderían la posibilidad de defender sus ahorros comprando dólares.

Lozano propuso instaurar en el país un sistema monetario socialista, similar al que tiene Cuba, donde los ciudadanos pierden el derecho a adquirir divisas extranjeras cuando dispongan de hacerlo, y el Estado se garantiza la base imponible para recaudar el impuesto inflacionario. En otras palabras, propuso la inconvertibilidad más absoluta del peso argentino en cualquier divisa y bajo cualquier tipo de cambio, bajo cualquier instancia.

Dentro del esquema descripto por el economista, se propuso imponer nuevas regulaciones sobre el mercado cambiario para terminar de desdoblar la compra de divisas de la misma forma que en Cuba: una parte legal exclusivamente para el Estado o un cierto grupo minoritario, y el resto de las personas obligadas a operar con una divisa no convertible y de dudoso valor para realizar sus transacciones cotidianas.

Claudio Lozano, actual director del Banco Nación nombrado por Alberto Fernández en enero de 2020.

El principal objetivo de la reforma propuesta es dotar al Estado de una forma de financiamiento compulsiva aún más estricta de la que existe hoy. De esta manera, el Lozano criticó la tenue corrección fiscal que lleva adelante el ministro Martín Guzmán.

“Desde octubre del año pasado el nivel de ajuste fiscal no era compatible con una sociedad como la que tenemos”, sentenció Claudio Lozano en referencia a la política fiscal de Guzmán.

Lozano aseguró que los subsidios económicos a los servicios públicos “no pueden debatirse” y que se deberá profundizar la política de “transferencias sociales” a partir de un ingreso universal. Este tipo de medidas se tornan prácticamente infinanciables sin un violento incremento de la asistencia monetaria del Banco Central.

Este planteo no es novedoso dentro de las filas del cristinismo fanático, pues la reconocida referente de la izquierda kirchnerista, Fernanda Vallejos, ya anticipó en reiteradas oportunidades que la corrección fiscal de Guzmán es ampliamente incompatible con las preferencias ideológicas de la Vicepresidente.

La debacle electoral del oficialismo impulsó un nuevo cimbronazo interno a nivel ideológico, y cada vez más voces que responden directamente a Cristina Fernández pujan por una nueva radicalización del Gobierno que podría tornarse peligrosa.

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Economía

¿Crisis institucional? El dólar se disparó hasta los $187 y se derrumban las acciones argentinas en Wall Street

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Tras la implosión en el gabinete nacional, y ante las dudas por la continuidad del programa económico, los mercados reaccionaron desfavorablemente y se derramaban los ADRs argentinos en la plaza de Wall Street.

Después de la estrepitosa derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin tocar fondo y la implosión del gabinete nacional supone un nuevo cimbronazo. Las dudas sobre la continuidad del programa económico o un cambio en la estrategia con el FMI sembraron pánico en los mercados financieros.

El dólar paralelo llegó hasta los $187, subiendo prácticamente $5 en un solo día. La brecha cambiaria llegó al 78,5% y se vuelve cada vez más incontenible. El alza del dólar también alcanzó a los mercados alternativos, aunque el Banco Central se negó a permitir mayores correcciones sobre el segmento oficial.

Desde el plano financiero, los títulos nacionales en Wall Street registraron pérdidas importantes. La amenaza por una posible radicalización del kirchnerismo sentó las bases para una implosión bursátil de los ADRs.

Edenor registró pérdidas por un 10%, y la misma suerte corrieron las principales entidades bancarias del país, como el Grupo Galicia (-3,3%), Banco Supervielle (-3,6%) y Banco Macro (-4,4%).

La incertidumbre sobre los mercados refleja la falta de determinación del Gobierno de Fernández. Hasta ahora, el ministro Guzmán planteaba una corrección tarifaria para el año próximo, aunque de carácter tenue. Dado el actual caos institucional, estas garantías dejan de ser tan robustas y muchos inversores temen que el Gobierno se incline por medidas abiertamente extremistas.

El Riesgo País también se vio afectado y subió hasta los 1.505 puntos básicos. Tras el endurecimiento de la postura del Fondo Monetario Internacional y la falta de definiciones del Gobierno, la posibilidad de un acuerdo parece algo cada vez más lejano.

Los cambios en el gabinete podrían ser transcendentales para la política económica en materia de tarifas públicas y la gestión de la deuda externa con el FMI, lo cual mantiene en un absoluto estado de alerta a todos los mercados.

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