La Bancada Ciudadana, antes conocida como Revolución Ciudadana, empezó debilitada su actuación parlamentaria. Pese a su número de legisladores, fue marginada de espacios clave como el Consejo de Administración Legislativa (CAL). Uno de los errores más costosos fue no anticiparse al movimiento de la asambleísta Mónica Salazar. Ella renunció al correísmo el 15 de abril de 2025, y semanas después se sumó al bloque oficialista, permitiendo que, con su nombre, ADN ocupara un puesto en el CAL originalmente destinado a la oposición.
La maniobra del oficialismo fue pública y frontal: sumar a Salazar, quien obtuvo su curul bajo el paraguas de la RC5, para que integrara el CAL como cuota correísta. El correísmo no logró reaccionar a tiempo para evitarlo, y el resultado fue perder ese espacio clave sin posibilidad de apelación efectiva. Otra táctica fallida fue el intento de dividirse en dos bancadas para ganar más presencia en el CAL. La Bancada de la Gente, compuesta por aliados de RETO y RC5, fue desechada por ilegítima bajo el marco normativo actual. La estrategia fracasó estrepitosamente desde su concepción.
En cuanto a las comisiones permanentes, la ausencia de negociación efectiva por parte de figuras como la asambleísta Viviana Veloz y los líderes históricos del correísmo fue notoria. En una Asamblea sin mayoría absoluta, negociar es una necesidad; sin embargo, la RC5 se mostró aislada y sin margen de maniobra.
La derrota fue incluso simbólica. El legislador Ferdinan Álvarez, antes parte de la Revolución Ciudadana, ahora con ADN, preside la Comisión de Fiscalización. Esta designación golpeó la moral del correísmo, al tratarse de un actor que rompió con Rafael Correa tras el escándalo de Jorge Glas en 2023.









