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Caucaso

Turquía, Azerbaiyán y Pakistán firman una nueva alianza militar y comercial para consolidar su control del Cáucaso

En una nueva cumbre trilateral, representantes de Turquía, Azerbaiyán y Pakistán acordaron una importante alianza que incluye cooperación en temas militares, comerciales, diplomáticos, científicos y económicos.

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La semana pasada tuvo lugar una nueva cumbre trilateral entre los ministros de exteriores y altos representantes diplomáticos de Turquía, Azerbaiyán y Pakistán. 
En la histórica reunión, se sellaron Importantes acuerdos de cooperación, marcando inicio a una nueva  y poderosa alianza en el Cáucaso y Asia Central bajo el título de “Declaración de Islamabad” (capital de Pakistán).
En un primer punto de conversación, Azerbaiyán, que acaba de vencer en una brutal guerra a Armenia y logró quedarse con gran parte de la región del Nagorno-Karabaj, invitó a varias empresas pakistaníes y turcas a ayudar en la reconstrucción de la zona. 
Las delegaciones pakistaníes y turcas aceptaron la invitación y manifestaron públicamente su deseo de firmar una paz definitiva entre Armenia y Azerbaiyán que incluya un respeto a la soberanía y a las “verdaderas fronteras azeríes”, en alusión a que todo el Nagorno-Karabaj sea azerí, algo que ya fue exigido repetidas veces por su presidente, Ilham Aliyev.
En la negociación, los tres ministros también discutieron y sellaron un importante tratado para el desarrollo militar, de seguridad y de defensa regional. Los puntos acordados fueron:
  • Realizar ejercicios militares conjuntos periódicamente.
  • Intercambiar tecnologías militares nuevas. Este punto favorece especialmente a Azerbaiyán y Pakistán puesto que su aliado, Turquía, cuenta con importantes avances en cuanto al desarrollo tecnológico de su Ejército.
  • Lucha conjunta contra el terrorismo, el narcotráfico y delitos contra el patrimonio cultural.

Turquía, Azerbaiyán y Pakistán, los nuevos aliados militares del Cáucaso y Medio Oriente.

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A su vez, se negociaron grandes avances comerciales y económicos. Según el ministro de exteriores turco Mevlut Cavusoglu, “hablamos sobre la importancia de desarrollar la infraestructura, especialmente en el campo del transporte y la energía”.

Según la declaración conjunta, se lograron consensos en la idea de aumentar el comercio entre los países firmantes y hacer crecer la inversión tripartita. 
Por otro lado, también se discutieron cuestiones internacionales ajenas al conflicto armenio-azerí, como lo que titularon “la creciente ola de islamofobia en el mundo, principalmente en Occidente”. 
El descaro de los firmantes fue tal que a pesar de que en sus países se reprime constantemente a los homosexuales o incluso a los opositores políticos, afirmaron que en Occidente hay “violaciones de derechos humanos contra las comunidades musulmanas”.

Los socios también comentaron sobre el problema entre Turquía y varias naciones mediterráneas y sobre la situación de Afganistán. Sobre lo primero, afirmaron que apoyan una solución “justa, realista y en base al derecho internacional”. A su vez, sobre el país afgano, ratificaron que quieren contribuir más al proceso de paz.

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Armenia

Se complica la alianza de Rusia con Armenia: El Kremlin califica de “inaceptables” las críticas armenias a las fuerzas de paz rusas

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El Primer Ministro armenio, Nikol Pashinyan, criticó con dureza a las fuerzas de paz rusas por no lograr despejar el corredor que conecta Armenia con la región de Nagorno-Karabaj. Rusia venía siendo su principal aliado en la región.

Nikol Panshiyan, Primer Ministro armenio

Rusia calificó el viernes de “inaceptables” los “ataques públicos” contra sus fuerzas de paz desplegadas en torno a la región de Nagorno Karabaj, actualmente ocupada por Azerbaiyán, un día después de que el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, criticara al contingente ruso desplegado en la zona.

Las fuerzas de paz rusas están haciendo todo lo posible para mejorar la situación en el terreno”, aseguró la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Maria Zakharova, quien aclaró que, desde Rusia, “consideramos cualquier ataque público y provocación contra nuestras fuerzas de paz como acciones inaceptables y deliberadas que causan un daño tangible al proceso de normalización armenio-azerbaiyano“.

A pesar de que Rusia sirvió como garante de paz entre Armenia y Azerbaiyán en la última década, se apartó del conflicto en 2020 cuando se desató una guerra abierta entre las dos naciones por el control del Alto Karabaj.

Este territorio, que ya había sido escenario de conflicto en 1999, estaba en manos armenias desde entonces, con una paz garantizada por las fuerzas de paz rusas. Sin embargo, cuando Azerbaiyán avanzó sobre la frontera en septiembre del 2020, Rusia dio la orden de no intervenir y dejó a los armenios a merced del híper-desarrollado ejército azerí, que contaba con el apoyo total de Turquía.

La guerra fue efímera y dejó un saldo negativo para Armenia. El orgulloso país cristiano perdió control de la región, y tuvo que firmar la paz en un alto al fuego patrocinado por Rusia. En el acuerdo, Putin prometió proteger el llamado corredor de Lachín, que permitiría conectar Armenia con el enclave conocido oficialmente como República de Arstaj, una nación armenia no reconocida internacionalmente.

Este corredor sin embargo lleva bloqueado desde el 12 de diciembre por lo que Azerbaiyán asegura que son civiles azeríes miembros de una organización ecologista que protesta por el cuidado al medio ambiente. El primer ministro armenio presentó una queja formal ante las fuerzas de paz rusas aseguran que no son civiles, si no agentes de las fuerzas armadas de Azerbaiyán, haciéndose pasar por activistas.

Este bloqueo del corredor de Lachín ha generado escasez de alimentos, medicamentos y combustible en Arstaj, cuya economía depende exclusivamente del comercio terrestre a través de este corredor con Ereván, la capital armenia.

Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso

Pashinyan ha demostrado desde 2020 la intención de alejarse de la esfera de influencia de Rusia, y tras la inacción de las fuerzas rusas ante este bloqueo, le pidió al Kremlin que den un paso al costado y permita que se despliegue una misión de paz de la ONU.

El jueves, el sitio de noticias armenio Hetq citó a Pashinyan acusando a la fuerza de paz rusa de “convertirse en testigo mudo de la despoblación de Nagorno-Karabaj”, al no haber reabierto el corredor. “El comportamiento de las fuerzas de paz rusas son inaceptables para nosotros”, agregó.

Pashinyan afirmó que si las tropas rusas no eran capaces de garantizar la estabilidad y la seguridad en Nagorno-Karabaj, debían dejar paso a una misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, lo que les daría más autoridad para actuar a la organización, permitiendo el despliegue un “contingente multinacional” en la región.

Esto despertó el enojo de Putin, quien actualmente disputa una guerra abierta contra las fuerzas de la OTAN, tras su invasión de Ucrania. Así como ocurre en la región del Donbás que Putin ha utilizado como excusa para invadir Ucrania, Nagorno-Karabaj está reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, pero sus 120.000 habitantes actuales son predominantemente de etnia armenia.

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Georgia

Tras el pedido de “ingreso urgente” a la Unión Europea de Ucrania, Georgia y Moldavia también solicitan ingresar

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La decisión de Ucrania de pedir el ingreso a la Unión Europea generó una reacción en cadena de los países que históricamente han estado bajo la amenaza de Moscú.

El líder del partido gobernante Sueño Georgiano, Irakli Kobakhidze, anunció la decisión del Gobierno de “solicitar inmediatamente la membresía en la Unión Europe”, que fue presentada efectivamente este jueves 3 de marzo, luego de la decisión de Ucrania de presionar para “ingresar de urgencia” a la Unión frente a la invasión de Rusia.

Georgia había planeado presentar la solicitud en 2024, pero el partido decidió acelerar el proceso debido al cambio de situación en el mundo. Tras la invasión rusa de Ucrania, Kobakhidze dijo que el gobierno de Kiev contaría con el apoyo de Georgia, pero se negó a unirse a los países de la Unión Europea que le impusieron sanciones económicas a Rusia.

Tanto Georgia como Ucrania han firmado Acuerdos de Asociación con la Unión Europea en estos últimos años sobre integración económica y aproximación política y libre comercio, pero no son garantías para una eventual adhesión. Para esto, los 27 estados miembro actuales deben votar por unanimidad el ingreso en una sesión especial del Consejo Europeo.

Los esfuerzos de las dos ex repúblicas soviéticas para forjar lazos más estrechos con Occidente han enfurecido a Rusia durante mucho tiempo. Las tensiones por los esfuerzos de Georgia culminaron con una invasión rusa en 2008 y el acercamiento de Ucrania en una invasión en este 2022.

Georgia ha implementado muchas reformas que han acercado al país a los estándares de la Unión Europea. “Una continuación lógica de este esfuerzo es nuestra decisión hoy de presentar una solicitud de inmediato y obtener el estatus de candidato”, dijo Kobakhidze a los periodistas.

Recordemos que Rusia, al igual que en Ucrania, respalda a dos autoproclamadas repúblicas separatistas en Georgia, Osetia del Sur y Abjasia. Las tensiones sobre las dos regiones dieron como resultado una breve invasión rusa de Georgia en agosto de 2008, que terminó con ambos territorios quedando bajo el control de Moscú con gobiernos títeres.

Georgia, temiendo una repetición de lo que le sucedió en 2008 con una Rusia envalentonada, ahora pide la adhesión junto con Ucrania para cercar a Putin. Sin embargo, en los últimos años, Georgia se ha visto sumida en una crisis política interna profunda y de larga duración, que ha paralizado en gran medida a su gobierno y ha generado fuertes críticas de que el país está retrocediendo con respecto a los avances democráticos anteriores.

Los esfuerzos para mediar en la crisis, incluso por parte del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, han resultado en gran medida inútiles, y su adhesión hace años que no pasaba de la categoría “en consideración”.

Mientras tanto, Turquía recuerda a la Unión Europea que ellos están primeros en la lista de espera, si bien apoyan que Ucrania ingrese por los conflictos que está sufriendo.

Pero Georgia y Ucrania no son los únicos países amenazados por Rusia que desean entrar en la Unión Europea. La presidente de Moldavia Maia Sandu, presentó este jueves su firma para ingresar al bloque político-comercial.

Hace varios años que Rusia tiene tropas estacionadas en la región disidente de Transnistria, pero según reveló el dictador bielorruso, Alexander Lukashenko este martes, las Fuerzas Armadas rusas planean una invasión a gran escala de Moldavia.

Cabe aclarar que la Unión Europea tiene normas estrictas para la admisión. Al miembro más reciente del bloque, Croacia, le tomó 10 años pasar de la solicitud a la membresía. Y en Moldavia, el entusiasmo inicial y las grandes esperanzas de un nuevo gobierno pro-UE se han visto empañados en las últimas semanas por el manejo desigual de una disputa con Rusia sobre los contratos de gas natural.

Aunque Chisináu llegó a un acuerdo con Gazprom, el gigante energético controlado por el Kremlin, para asegurar un suministro suficiente para este invierno, los críticos en Bruselas dicen que el acuerdo incluía concesiones que le darán a Moscú demasiada influencia sobre el futuro político de Moldavia.

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Armenia

Renunció el Presidente de Armenia en medio de una guerra interna con el Primer Ministro

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Armen Sarkissian abandonó el cargo luego de que el jefe de Gobierno le bloqueara negociaciones diplomáticas con Rusia para mejorar las relaciones entre los países.

El presidente armenio, Armen Sarkissian, renunció a su cargo el pasado domingo, citando la falta de poder político en el puesto gubernamental en un momento donde “el país y la nación necesitan un cambio profundo“.

El presidente no tiene las herramientas necesarias para influir en los procesos radicales de política interior y exterior en estos tiempos difíciles para el país y la nación”, dijo Sarkissian en un comunicado publicado en su sitio web oficial.

El papel del presidente de Armenia es en gran parte ceremonial y el primer ministro es quien tiene todo el poder político. Esto es relativamente novedoso en el país del Cáucaso, ya que la dinámica fue introducida en la reforma constitucional de 2015 que convirtió al país en una república parlamentaria, reduciendo los poderes presidenciales y favoreciendo ampliamente los del Primer Ministro.

Sarkissian había sido premier entre 1996 y 1997, bajo la presidencia de Levon Ter-Petrosián, el primer mandatario electo de la historia del país tras la disolución de la Unión Soviética, y quien tenía amplios poderes en el cargo ejecutivo.

Su salida, después de 4 años en el cargo, viene tras una serie de fuertes peleas internas con Nikol Pashinian, el actual primer ministro. Sarkissian quería despedir al jefe del Estado Mayor del Ejército tras perder la guerra contra Azerbaiyán, cuando se disputaron el control de la región de Nagorno-Karabaj, pero Pashinian bloqueó su desvinculación.

Más de 6.500 personas murieron en las seis semanas de combates, que terminaron en un acuerdo de alto el fuego negociado por Rusia, otorgando a Azerbaiyán parte del enclave y las áreas circundantes, consolidando una victoria absoluta de los musulmanes.

Sarkissian también tuvo varios encontronazos con el primer ministro respecto a su diplomacia con Rusia. Según el presidente, Pashinian “tiró por la borda” años de relaciones con el Kremlin, y de hecho Rusia no intervino en favor de Armenia en la guerra, a pesar de tener un tratado de defensa militar firmado entre ambas naciones.

El ahora ex máximo mandatario intentó en las últimas semanas ponerse la diplomacia del país al hombro y negociar mano a mano con Putin una reconciliación de amistades, pero Pashinian lo criticó duramente, dijo que ese labor es del Ministro de Relaciones Exteriores, y bloqueó sus negociaciones.

Ante la total incapacidad de poder ejercer cualquier rol activo en el gobierno, Sarkissian decidió que no había otra opción que renunciar, y dejar que otro político “más preparado para agachar la cabeza” asuma ese rol.

“Vivimos una realidad donde el Presidente no puede influir en asuntos de guerra o paz. No puede vetar las leyes que considera inconvenientes para el Estado y el pueblo“, explicó en un comunicado tras el anuncio de su dimisión.

“Es una realidad en la que el Presidente no puede utilizar la mayor parte de su potencial para resolver problemas sistémicos de política interior y exterior. Una realidad donde el mundo está en una zona de turbulencia constante, pero la presidencia no tiene herramientas constitucionales para ayudar a su país“, se quejó.

Y agregó: “Una realidad donde el jefe de Estado, a veces incluso su familia, es blanco de varios ataques de grupos políticos. Estos últimos no están tan interesados en los logros de la institución presidencial en beneficio del país como en mi pasado, varias teorías de conspiración y mitos. Esta ‘preocupación’ por mí va más allá de la moralidad y, en última instancia, afecta directamente a mi salud”, dijo, enviando un contundente mensaje al resto de los líderes e instituciones políticas del país.

Además, deseó que en el futuro se realicen las reformas constitucionales necesarias para un correcto funcionamiento de la Presidencia. Lo que queda por hacer es esperar que el Parlamento se reúna en los próximos 25 días, en sesión especial, para elegir al nuevo presidente del país. Por lo pronto, Alen Simonyan, presidente de la Asamblea Nacional, tendrá a su cargo las funciones presidenciales.

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