La creciente tensión en Oriente Medio y las interrupciones en el transporte marítimo por el Estrecho de Ormuz han puesto en primer plano infraestructuras energéticas alternativas construidas por los principales productores del Golfo para reducir su dependencia de esa ruta estratégica. Entre ellas destaca el ''East-West Pipeline'' (Arabia Saudita), un oleoducto que permite a Arabia Saudita exportar petróleo hacia el Mar Rojo sin necesidad de atravesar el estrecho.
El Estrecho de Ormuz es considerado uno de los puntos más sensibles del sistema energético global. Por ese corredor marítimo transitan diariamente entre 17 y 20 millones de barriles de petróleo, lo que representa aproximadamente una quinta parte del suministro mundial. Debido a su estrechez y a su proximidad con Irán, el paso se ha convertido en una herramienta de presión geopolítica en momentos de crisis.
Ante esa vulnerabilidad, Arabia Saudita desarrolló durante la década de 1980 una infraestructura destinada a garantizar la continuidad de sus exportaciones en caso de interrupción del tráfico marítimo. El sistema, operado por Saudi Aramco, conecta los campos petroleros del este del país con el puerto de Yanbu, situado en la costa del Mar Rojo, mediante una red de tuberías de aproximadamente 1.200 kilómetros de longitud.














