Arabia Saudita y Pakistán, una potencia nuclear, firmaron este miércoles un pacto formal de defensa mutua, fortaleciendo significativamente una asociación en seguridad que se ha desarrollado durante décadas.
Este acuerdo llega en un momento de crecientes tensiones en Medio Oriente y de creciente desconfianza por parte de los Estados del Golfo respecto a la fiabilidad de Estados Unidos como su tradicional garante de seguridad.
El acuerdo se produce días después de que Israel realizara un ataque aéreo sobre Doha, capital de Qatar, con el objetivo de eliminar a líderes de Hamás mientras participaban en negociaciones de alto al fuego mediadas por Qatar. Esta acción israelí, junto con un ataque anterior de Irán contra el mismo país, ha generado una profunda indignación en los países árabes y ha agudizado el sentido de vulnerabilidad en la región.
Un alto funcionario saudí, que habló bajo condición de anonimato, afirmó que el acuerdo ''no responde a países o eventos específicos'', sino que es la culminación de años de discusiones y la institucionalización de una cooperación profunda entre Arabia Saudita y Pakistán. Sin embargo, el contexto regional sugiere que los acontecimientos recientes han acelerado la formalización de este pacto.

El tratado tiene implicaciones estratégicas importantes en una región ya marcada por una compleja red de alianzas. Si bien Arabia Saudita ha sido un aliado clave de Estados Unidos, al igual que otros países del Golfo, la creciente inestabilidad y el conflicto en Gaza han empujado a estos estados a reevaluar su arquitectura de seguridad. En este escenario, Pakistán surge como un socio militar sólido, capaz de ofrecer respaldo ante agresiones externas.
Uno de los puntos más sensibles del acuerdo es la posibilidad de que Pakistán proporcione un ''paraguas nuclear'' a Arabia Saudita.










