El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó esta semana el ambicioso proyecto de defensa antimisiles ''Golden Dome'', una iniciativa que busca desarrollar un escudo global para proteger el territorio estadounidense de amenazas nucleares y misiles provenientes de potencias como China, Rusia y Corea del Norte.
El plan contempla una inversión total de 125 mil millones de dólares y tiene como objetivo estar operativo en un plazo de tres años.
Trump anunció la selección del general Michael Guetlein de la Fuerza Espacial como líder del proyecto, con el respaldo del secretario de Defensa Pete Hegseth.
El mandatario sostuvo que este nuevo sistema completará la visión del programa ''Star Wars'' impulsado por Ronald Reagan en los años 80, asegurando que el ''Golden Dome'' será capaz de interceptar misiles lanzados desde cualquier parte del mundo, incluso desde el espacio.

Trump afirmó que el sistema tendrá una tasa de éxito ''cercana al 100%'', comparándola con los resultados de pruebas del sistema THAAD, aunque reconocimientos anteriores del Pentágono indican que los sistemas actuales como el Ground-based Midcourse Defense (GMD) solo han tenido un 57% de efectividad en pruebas entre 1997 y 2023.
El proyecto forma parte del proyecto legislativo ''One Big Beautiful Bill Act'', que incluye, además, reducciones fiscales y otras prioridades políticas de Trump. Dentro del presupuesto inicial de 25 mil millones de dólares se destinan fondos para sensores espaciales, interceptores en la fase de impulso, defensas hipersónicas, tecnologías no cinéticas, y satélites para rastreo de objetivos aéreos.
El anuncio de Trump desató una dura respuesta del gobierno chino. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, expresó el miércoles que China está ''seriamente preocupada'' por el desarrollo del ''Golden Dome'', calificándolo como una iniciativa con ''fuertes implicaciones ofensivas'' que socava el equilibrio estratégico global y promueve la militarización del espacio.
Según Mao, el proyecto estadounidense viola el principio del uso pacífico del espacio establecido en el Tratado del Espacio Ultraterrestre y representa una amenaza a la estabilidad internacional.

Criticó a Estados Unidos por seguir una política de ''seguridad absoluta”, priorizando sus intereses por encima del equilibrio global. China instó a Washington a abandonar el desarrollo del escudo y a tomar medidas para fortalecer la confianza estratégica entre las grandes potencias.










