En un punto de inflexión en el conflicto de larga data entre Israel e Irán, ayer 12 de junio, a las 21:00 horas de Argentina, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron una ofensiva aérea masiva contra objetivos estratégicos en territorio iraní bajo el nombre de Operación Fuerza de un León.
Este ataque no solo destruyó instalaciones nucleares clave, sino que también eliminó parte de la cúpula militar y científica que sostenía el programa nuclear iraní.
La desastrosa gestión de Joe Biden
El conflicto que desencadenó el ataque israelí se intensificó tras años de tensiones acumuladas. Durante la administración demócrata del expresidente estadounidense Joe Biden, Irán aprovechó un escenario diplomático débil para reactivar y acelerar su programa nuclear, especialmente en las plantas de Natanz y Fordow.

La falta de presión efectiva por parte del Gobierno de Biden permitió al régimen de Teherán enriquecer uranio a niveles cercanos al grado militar, lo que generó creciente preocupación en Israel y entre varios sectores de inteligencia occidental.
La estrategia de Donald Trump
Sin embargo, desde su asunción como presidente de Estados Unidos, Donald Trump adoptó una postura frontal, con el objetivo explícito de desnuclearizar a Irán.
Fuentes allegadas indican que esta estrategia habría sido fuertemente impulsada por el Secretario de Estado, Marco Rubio. En una reunión clave en la Casa Blanca, el 7 de abril, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu propuso un ataque preventivo y coordinado para desmantelar el aparato nuclear y militar iraní. El Mossad, que llevaba años relevando objetivos críticos, fue pieza central en la planificación.









