El régimen de Kim Jong-un ha condenado a muerte a personas tan jóvenes como niños, por el consumo de series y películas surcoreanas.
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Los ciudadanos de Corea del Norte han enfrentado castigos extremos, incluida la pena de muerte, por escuchar música o ver contenidos audiovisuales procedentes de Corea del Sur, según testimonios de personas que lograron huir del país.
Los relatos describen un sistema de control estatal que criminaliza el acceso a información extranjera y reprime duramente cualquier influencia cultural considerada contraria a la ideología oficial.
De acuerdo con los testimonios, ver dramas surcoreanos de amplia difusión internacional, como ''El Juego del Calamar'', ''Crash Landing on You'' y ''Descendants of the Sun'', ha derivado en ejecuciones públicas, incluso de estudiantes de secundaria.
El Juego del Calamar ha sido una de las series criminalizadas por el régimen norcoreano
Casos registrados en distintas provincias, como Yanggang y Hamgyong del Norte, indican que estas prácticas no serían aisladas, sino parte de una política represiva extendida.
La persecución también alcanza a la música extranjera, en particular al K-pop. Personas entrevistadas relataron investigaciones y sanciones contra adolescentes sorprendidos escuchando canciones de bandas surcoreanas como BTS, especialmente en provincias cercanas a Pyongyang. Las autoridades consideran este tipo de contenido una amenaza ideológica y moral para el Estado.
Los testimonios señalan que el castigo no se aplica de manera equitativa. La severidad de las condenas depende en gran medida del nivel económico y de las conexiones familiares.
Mientras ciudadanos con recursos pueden sobornar a funcionarios para evitar sanciones, las personas sin dinero enfrentan penas más duras, como largas condenas en campos de trabajos forzados. En algunos casos, familias se ven obligadas a vender sus viviendas para reunir miles de dólares y evitar el encarcelamiento.
Kim Jong-un lleva a cabo los castigos de forma inequitativa
Asimismo, se describen ejecuciones públicas utilizadas como método de control social e ''educación ideológica''. Escolares y adolescentes son obligados a presenciar estos actos como advertencia. Según los relatos, el objetivo es generar miedo y disuadir a la población de consumir o difundir material extranjero.
Desde la aprobación en 2020 de la Ley contra el Pensamiento y la Cultura Reaccionarios, las penas se han endurecido. La normativa establece condenas de entre cinco y quince años de trabajos forzados por consumir contenidos surcoreanos, y sanciones más severas (incluida la ejecución) para quienes los distribuyan u organicen visionados colectivos.
Para hacer cumplir la ley, unidades policiales especializadas realizan redadas y registros sin orden judicial, revisando teléfonos móviles y viviendas en busca de material prohibido.
El régimen norcoreano impone penas de 5 a 15 años de trabajos forzados para quienes consuman contenido de Corea del Sur
Pese al riesgo, el consumo de cultura extranjera sigue siendo habitual. Series, películas y música ingresan clandestinamente desde China a través de memorias USB y se comparten de forma encubierta.
Según los testimonios, estos contenidos son consumidos no solo por trabajadores comunes, sino también por funcionarios del partido y miembros de las fuerzas de seguridad.
Los relatos reflejan un sistema basado en el miedo, la censura y la corrupción, en el que el régimen de Kim Jong-unmantiene un control estricto sobre la información y castiga de forma arbitraria a quienes intentan acceder a expresiones culturales del exterior.
Varios funcionarios de la dictadura de Kim Jong-un consumen cine y música de Seúl, de acuerdo a testimonios