Este cambio resultó fundamental, ya que con su respaldo, Prevost logró consolidar una coalición que no solo le permitió igualar en la segunda o tercera ronda de votaciones a Parolin, sino que le dio la fuerza necesaria para llevarse la victoria.
La división interna del ala progresista del cónclave, que apostaba por Parolin, Avelin, Grech y Tagle, también fue un factor determinante. Mientras que algunos como Pizzaballa no supieron gestionar sus apoyos de manera efectiva, Prevost se mantuvo al margen, adoptando una postura discreta pero estratégica.
Su falta de protagonismo en las primeras etapas del proceso le permitió, sin embargo, ganar fuerza en las negociaciones previas al cónclave. Su perfil misionero y su relación con Dolan lo posicionaron como una opción sólida no solo para América del Norte, sino también para Sudamérica, un continente en el que logró reunir un apoyo significativo.













