Bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos generó 119.000 nuevos empleos en septiembre, una cifra que duplicó las proyecciones de los economistas, según un informe del gobierno que había sido postergado durante siete semanas debido al cierre de la administración federal.
Los analistas esperaban alrededor de 50.000 nuevas contrataciones, a pesar de que terminaron siendo más del doble. No obstante, las revisiones del propio Departamento de Trabajo indicaron que la economía perdió 4.000 empleos en agosto, en lugar de los 22.000 que inicialmente se habían estimado. En conjunto, los ajustes restaron 33.000 empleos a las cifras de julio y agosto.
En septiembre, el sector de salud y asistencia social añadió más de 57.000 puestos, la construcción sumó 19.000 y el comercio minorista casi 14.000. En contraste, la industria manufacturera redujo su plantilla en 6.000 trabajadores y el gobierno federal recortó otros 3.000. Los ingresos promedio por hora subieron un 0,2% respecto de agosto y un 3,8% interanual, acercándose al incremento anual del 3,5%.

Durante los 43 días en que el gobierno estadounidense estuvo paralizado, inversores, empresas, legisladores y la propia Reserva Federal debieron operar prácticamente a ciegas respecto del estado del mercado laboral, ya que los empleados federales suspendidos no podían recopilar datos.









