Bolivia confirmó que canceló el convenio con el régimen iraní para volver a relacionarse con Estados Unidos.
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El gobierno de Rodrigo Paz dio un paso contundente en su redefinición de la política exterior al cancelar el convenio de cooperación militar con Irán, firmado en 2023 durante la gestión del comunista Luis Arce. La medida no solo implica la caída de un acuerdo estratégico, sino que consolida un cambio de rumbo en la inserción internacional del país.
La confirmación llegó de la mano del ministro de Defensa, Marcelo Salinas, quien aseguró que el convenio fue denunciado hace aproximadamente cuatro meses y ya no tiene vigencia.
El acuerdo original había sido suscripto en Teherán e incluía cooperación en materia de seguridad, control fronterizo y lucha contra el narcotráfico, además de la posible provisión de tecnología militar como drones. Sin embargo, desde su origen estuvo rodeado de cuestionamientos por la falta de transparencia y por la naturaleza del socio elegido.
Rodrigo Paz junto al Secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio
La decisión de darlo de baja refleja el nuevo enfoque del gobierno boliviano. Desde su llegada al poder en noviembre de 2025, Paz impulsó un distanciamiento a varias dictaduras como Irán, Venezuela y Cuba, al tiempo que avanzó en la recomposición de relaciones con Estados Unidos e Israel.
Este giro no es menor. Durante años, la política exterior boliviana estuvo alineada con el eje impulsado por el Movimiento al Socialismo, que promovía vínculos con regímenes cuestionados por la comunidad internacional. El acuerdo con Irán fue uno de los símbolos más claros de esa orientación donde la ideología del dictador Evo Morales importaba más que la soberania boliviana.
Además, el convenio generó preocupación en la región, especialmente en Argentina, donde persiste el recuerdo de los atentados terroristas de los años 90 atribuidos a Irán.
El expresidente comunista Luis Arce junto al expresidente de Irán Ebrahim Raisi
En este contexto, la cancelación del acuerdo aparece como una señal política fuerte: Bolivia busca reposicionarse en el escenario internacional, alineándose con democracias occidentales y dejando atrás alianzas consideradas riesgosas.
Más allá del impacto diplomático, la medida también refuerza una narrativa interna basada en la transparencia, la seguridad y la recuperación de una política exterior pragmática.
El mensaje es claro: el gobierno de Paz no solo busca cambiar la dirección económica del país, sino también redefinir sus alianzas estratégicas en un mundo cada vez más polarizado.