''Designar como extremista al partido más popular de Alemania es un error que daña profundamente la confianza en las instituciones democráticas. Alemania debería reconsiderar este paso antes de que se cruce una línea peligrosa''. Rubio añadió que ''etiquetar a partidos de oposición por su ideología puede ser el inicio de una pendiente autoritaria''.

También el empresario estadounidense Elon Musk, que había expresado su apoyo al AfD durante la campaña electoral de febrero, advirtió contra un posible intento de ilegalizar el partido. “Prohibir al AfD, el partido más popular de Alemania, sería un ataque extremo a la democracia”, afirmó en X.
La reacción dentro de Alemania ha sido igualmente polarizada. Mientras algunos sectores tímidamente orientados a la derecha, como el aliado de Friedrich Merz, Jens Spahn, han sugerido que se trate al AfD como un partido opositor normal para evitar victimizarlo, otros como Manuela Schwesig (SPD) lo rechazan tajantemente: ''A partir de hoy, nadie puede seguir justificando esto: no es un partido democrático''.













