Una ola de agua y lodo atravesó el valle del río Koshi en el distrito nepalí de Rasuwa y se llevó por delante todo lo que encontró a su paso. Ocurrió a las nueve de la mañana, hora local. El mercado, la aduana, el helipuerto, decenas de casas y el puente reconstruido a fines del año pasado desaparecieron bajo la corriente.
Las primeras cifras hablan de 31 muertos y unos 400 desaparecidos. Más de la mitad de los ausentes serían extranjeros. Quienes miran los videos que circulan por la red sienten que el saldo final será mucho mayor. La zona tiene mala cobertura y las rutas están cortadas, así que las autoridades trabajan con datos incompletos.
Lo más desconcertante es que en Rasuwa no llovía desde hacía días. El agua llegó desde el lado tibetano, cruzó la frontera y bajó sin aviso. Exactamente en el mismo punto donde ya había pasado algo similar.
El 8 de julio de 2025 un lago supraglaciar se desbordó por ese torrente y arrasó el mismo cruce fronterizo. Entonces hubo unos 30 muertos, mil millones de dólares en mercancías perdidas, cuatro centrales hidroeléctricas dañadas y el puente destruido. Aquella reconstrucción acaba de volver a desaparecer.
Tres hipótesis sobre el origen del desastre
Todavía no hay certezas. Las autoridades locales y las imágenes de los satélites Sentinel del 24 de agosto apuntan a un desborde de lago glaciar, lo que se conoce como GLOF, en la vertiente tibetana. Es la explicación que más se repite.
El glaciólogo Rijan Bhakta Kayastha, de la Universidad de Katmandú, sostiene otra posibilidad: una avalancha de hielo taponó el Lhende Khola y después reventó. “El río Lhende también quedó bloqueado el año pasado”, explicó, y advirtió que confirmarlo puede llevar días.
El ministro de Exteriores nepalí, Shishir Khanal, relacionó la avenida con un terremoto que habría provocado un deslizamiento. Hasta ahora no hay confirmación sísmica. Cualquiera de las tres versiones es plausible.
Solo la cuenca del Koshi concentra 42 lagos considerados potencialmente peligrosos. En agosto de 2025, autoridades chinas del Tíbet y nepaleses acordaron un sistema de alerta basado en caudales y monitoreo de lagos glaciales. Hasta donde se sabe, el acuerdo no sirvió de mucho esta vez.
Un valle aislado y la necesidad de ayuda
Las próximas horas serán críticas. Carreteras destruidas, comunicación deficiente y equipos de rescate desbordados convierten la zona en un escenario infernal. Los números de víctimas, nacionalidades y daños materiales no terminan de cuadrar. Algunos medios chinos incluso sostienen que el problema es netamente nepalí.

El puente que se llevó la corriente se llamaba Miteri. En nepalí, esa palabra describe un vínculo de hermandad ritual entre familias que no comparten sangre. Mientras el mundo observa las imágenes con estupor, Nepal necesita justo eso: que la miteri internacional se concrete en ayuda concreta y rápida.
La reconstrucción del puente y de las infraestructuras dañadas volverá a ser un desafío enorme. La repetición del desastre en el mismo lugar, apenas un año después, deja una sensación amarga. Las alertas tempranas existían sobre el papel, pero la realidad del valle volvió a imponerse.
Por ahora, lo único seguro es el dolor de quienes perdieron familiares y bienes, y la certeza de que el número de víctimas seguirá subiendo mientras avancen las tareas de búsqueda en un terreno devastado y de difícil acceso.