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El mismo Estado que salvó a un terrorista etarra, asesinó a la víctima de violación, Noelia Castillo

El mismo Estado que salvó a un terrorista etarra, asesinó a la víctima de violación, Noelia Castillo
porRedacción
Internacionales

La comparación que indigna a España: mientras el Estado inmovilizó y alimentó al etarra Ignacio de Juana Chaos para impedir su muerte durante una huelga de hambre, la víctima de violación Noelia Castillo Ramos, de 25 años, terminó falleciendo tras una eutanasia autorizada.

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La muerte de Noelia Castillo Ramos, una joven de 25 años que sufrió una violación grupal mientras estaba bajo tutela estatal y que falleció este 26 de marzo tras un procedimiento de eutanasia autorizado por la Justicia, volvió a encender un debate profundo en la opinión pública española. Muchos ciudadanos y dirigentes políticos cuestionan al gobierno de Pedro Sánchez por lo que consideran una contradicción moral del Estado: mientras en el pasado se desplegaron todos los recursos para evitar que un terrorista de ETA muriera durante una huelga de hambre, hoy —según denuncian— el sistema permitió que una víctima de una de las peores atrocidades terminara muriendo.

En España se instaló una comparación que golpea directamente al gobierno actual y al sistema institucional. Durante años, el Estado español hizo todo lo posible para impedir que el terrorista Ignacio de Juana Chaos, condenado por múltiples crímenes y vinculado a la organización terrorista ETA, muriera tras iniciar una huelga de hambre como forma de presión política contra las instituciones. Sin embargo, el caso reciente de Noelia Castillo volvió a abrir la herida en el debate público: muchos se preguntan por qué el sistema actuó con tanta determinación para preservar la vida de un terrorista mientras —según denuncian sectores críticos— no protegió a una víctima que había sufrido violencia extrema.

Ignacio De Juana Chaos
Ignacio De Juana Chaos

La historia de Ignacio de Juana Chaos fue uno de los episodios más controvertidos de la lucha contra el terrorismo en España. El 5 de febrero de 2007, el medio británico The Times publicó una amplia cobertura sobre la huelga de hambre del preso etarra, que se encontraba hospitalizado mientras protestaba por una sentencia dictada por jueces de la Audiencia Nacional tras haber cometido un delito de amenazas. La imagen que acompañaba el reportaje ocupaba todo el ancho de una página del periódico y mostraba al terrorista en una cama de hospital, aparentemente debilitado, con el titular: “Encadenado y demacrado, el asesino de ETA clama por la paz desde su lecho de muerte”.

Sin embargo, lo que en apariencia parecía una escena de sufrimiento ocultaba un hecho clave: el Estado había ordenado que el preso fuera inmovilizado y alimentado mediante una sonda para evitar que muriera. Las sujeciones que aparecían en la fotografía no eran “cadenas”, sino dispositivos utilizados por personal sanitario para impedir que el terrorista se quitara la sonda que le permitía seguir con vida y los sensores que controlaban sus constantes vitales. En otras palabras, el sistema judicial y sanitario español actuaba para evitar su muerte incluso contra su propia voluntad, al considerar que el Estado no podía permitir que el chantaje político de una huelga de hambre terminara con un fallecimiento que presionara a las instituciones democráticas.

La controversia se amplificó porque la cobertura de The Times, firmada por el periodista Thomas Catan, fue duramente criticada por presentar al terrorista con un lenguaje que muchos consideraron engañoso. En lugar de describir a ETA como organización terrorista, el reportaje utilizó la expresión “grupo separatista vasco”, una elección semántica que generó fuertes cuestionamientos en España. Para numerosos analistas, ese tipo de lenguaje podía contribuir a distorsionar la realidad del terrorismo y favorecer la propaganda de quienes buscaban deslegitimar al Estado democrático.

Pedro Sánchez y Noelia Ramos
Pedro Sánchez y Noelia Ramos

En aquel momento, el preso etarra intentaba proyectar una imagen de víctima mientras presionaba políticamente a las instituciones españolas. Su estrategia comunicativa, según diversos análisis académicos, buscaba transformar una acción de extorsión —la huelga de hambre— en un relato emocional capaz de generar empatía internacional. Y lo cierto es que el Estado respondió evitando que muriera, incluso cuando el propio terrorista pretendía utilizar su cuerpo como instrumento de presión política.

Esa comparación es la que hoy resurge con fuerza tras la muerte de Noelia Castillo. La joven había quedado con paraplejia irreversible en 2022 después de arrojarse desde el quinto piso de un edificio tras haber sido víctima de una violación grupal por parte de inmigrantes ilegales en un centro de menores donde estaba bajo tutela estatal. Las secuelas físicas fueron devastadoras: dolor neuropático, alteraciones sensitivas, incontinencia fecal y una dependencia funcional total que le impedían recuperar autonomía.

El 10 de abril de 2024, en ese contexto, inició formalmente su solicitud de eutanasia ante la comisión correspondiente en Cataluña, un proceso que atravesó distintas instancias judiciales hasta su aprobación final. Finalmente, el procedimiento se concretó el 26 de marzo, generando una enorme polémica social.

La indignación creció todavía más cuando comenzaron a difundirse denuncias sobre lo ocurrido en los días previos a su muerte. La presidenta de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, aseguró públicamente que el hospital habría presionado para que se realizara la eutanasia debido a cuestiones vinculadas a la donación de órganos. Según explicó, la madre de la joven relató que desde el hospital le dijeron: “No puedes hacer eso porque ya teníamos todos tus órganos comprometidos”.

Ignacio De Juana Chaos
Ignacio De Juana Chaos

Castellanos sostuvo además que Noelia llegó a plantearse la eutanasia en un contexto de presión emocional y médica. Según los abogados del caso, incluso se le habría mencionado que “había varias personas que se podían salvar con sus órganos”, algo que la madre rechazaba rotundamente.

El contraste con el tratamiento recibido por el etarra en el pasado es precisamente lo que hoy domina el debate público. En el caso de De Juana Chaos, el Estado no solo intervino para mantenerlo con vida, sino que incluso se desplegaron protocolos médicos y penitenciarios para impedir que se quitara la sonda que lo alimentaba. Mientras tanto, en el caso de Noelia, críticos del gobierno sostienen que el sistema que no logró protegerla cuando fue atacada terminó permitiendo que muriera.

La indignación también se reflejó en declaraciones de dirigentes políticos. El líder de Vox, Santiago Abascal, expresó una de las frases más difundidas tras conocerse la noticia: “El Estado le quita a una hija a sus padres. Los Menas la violan. Y la solución que le da el Estado es suicidarla. La España de Sánchez es una película de terror”.

En ese mismo clima de debate, distintos sectores sostienen que el caso refleja una crisis institucional más profunda. Para muchos españoles, la comparación entre ambos episodios —el cuidado extremo para evitar la muerte de un terrorista y la autorización de la eutanasia de una víctima— se convirtió en un símbolo de lo que consideran una inversión moral del sistema.


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