El monarca, fallecido a los 89 años después de 35 años en el trono, fue despedido en Oslo ante decenas de miles de ciudadanos y representantes de las principales casas reales y gobiernos del mundo.
Noruega despidió este miércoles al rey Harald V con un solemne funeral de Estado en Oslo, poniendo fin a 13 días de duelo nacional tras la muerte del monarca a los 89 años. Decenas de miles de personas se concentraron en las calles de la capital para acompañar el cortejo fúnebre desde el Palacio Real hasta la Catedral de Oslo.
La ceremonia comenzó con una procesión encabezada por el féretro del rey, mientras se escuchaban salvas de cañón desde la fortaleza de Akershus. A continuación se celebró el servicio religioso en la Catedral de Oslo, acompañado por un minuto de silencio en todo el país. Posteriormente, los restos de Harald fueron trasladados hasta Akershus, donde recibió sepultura en el mausoleo real.
Noruegos en el funeral del rey Harald V
El funeral reunió a representantes de numerosas monarquías y gobiernos extranjeros. Entre los asistentes estuvieron el príncipe Guillermo y la princesa Ana del Reino Unido; los príncipes herederos Akishino y Kiko de Japón; los reyes Felipe VI y Letizia de España; la familia real sueca; y el rey Federico X y la reina María de Dinamarca.
También participó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mientras Estados Unidos estuvo representado por la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, Allison Hooker.
Harald fue reconocido por su estilo cercano y por una concepción moderna de la monarquía. Su figura consiguió mantener un amplio respaldo popular incluso durante los últimos años, marcados por dificultades dentro de la familia real. Una encuesta realizada después de su fallecimiento mostró que el 72% de los noruegos continúa apoyando la permanencia de la monarquía, frente a un 20% que prefiere una república u otra forma de gobierno.
La reina Sonja de Noruega
El funeral también representó el comienzo definitivo de una nueva etapa para la Corona. Su hijo, Haakon VIII, asumió el trono inmediatamente después de la muerte de Harald y ahora deberá consolidar su propio reinado. La despedida de su padre mostró, sin embargo, que la institución conserva una importante capacidad para reunir a la sociedad noruega en torno a símbolos nacionales y tradiciones compartidas.
Con el entierro de Harald V, Noruega cierra una era de más de tres décadas. La enorme asistencia popular y el respaldo internacional al funeral dejaron una señal clara: pese a los cambios sociales y políticos, la monarquía continúa ocupando un lugar central en la identidad institucional del país.