El plan apuesta a la industrialización, la estabilidad macroeconómica y la atracción de inversiones al país.
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Paraguay lanzó una ambiciosa estrategia económica con un objetivo claro: duplicar el tamaño de su economía en los próximos diez años y consolidarse como un actor clave dentro de la región. El plan, impulsado por el gobierno de Santiago Peña, combina estabilidad macroeconómica, incentivos fiscales y un fuerte impulso a la industrialización.
El ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, explicó que el país busca dejar de ser un socio pasivo dentro del Mercosur para convertirse en un eslabón activo en la cadena productiva regional, especialmente en articulación con Argentina y Brasil.
El ministro de Industria y Comercio Marco Riquelme
Uno de los pilares centrales del modelo paraguayo es su estabilidad económica. En los últimos años, el país registró una inflación promedio cercana al 4%, un crecimiento que rondó el 7% y un tipo de cambio estable frente al dólar durante décadas, factores que generan confianza entre inversores internacionales.
Además, Paraguay apuesta a atraer inversiones mediante políticas concretas: el régimen de maquila, que aplica un impuesto del 1% a la producción para exportación; la importación de maquinaria sin aranceles; y leyes que fomentan el ensamblaje industrial dentro del bloque regional.
El plan económico también se apoya en tres ejes clave: financiamiento productivo, capacitación técnica y ordenamiento territorial. El gobierno busca canalizar crédito hacia la industria, formar mano de obra especializada y desarrollar polos industriales conectados con infraestructura logística.
En términos productivos, Paraguay identifica sectores estratégicos con potencial de crecimiento: recursos naturales como soja y carne, industria alimenticia, metalurgia, forestal y textil. A esto se suma una apuesta novedosa por la economía digital, aprovechando el excedente energético del país para atraer inversiones en tecnología e inteligencia artificial.
Javier Milei junto a Santiago Peña
Sin embargo, el desafío no es menor. Para duplicar su economía, el país deberá sostener tasas de crecimiento elevadas durante años, fortalecer su sistema educativo y mejorar su infraestructura. El propio gobierno reconoce que el proceso requiere políticas de Estado que trasciendan los cambios de gestión.
En este contexto, Paraguay busca posicionarse como un modelo de crecimiento basado en estabilidad, apertura y competitividad. Si logra sostener este rumbo, podría transformar su rol en la región y pasar de ser una economía periférica a un actor estratégico dentro de América Latina.
El objetivo es claro: crecer, industrializarse y convertirse en un motor regional en un escenario cada vez más competitivo.