El Parlamento Europeo aprobó este miércoles una profunda reforma de la política migratoria de la Unión Europea que busca acelerar las deportaciones de inmigrantes irregulares y permitir que los Estados miembros establezcan centros de detención fuera del bloque comunitario. La iniciativa, que todavía requiere la aprobación formal de los 27 gobiernos de la UE, representa uno de los mayores endurecimientos de las normas migratorias europeas desde la crisis migratoria de 2015.
La propuesta surge en un contexto de creciente presión política sobre los gobiernos europeos para controlar la inmigración ilegal y aumentar el número de retornos de solicitantes de asilo rechazados. Durante la última década, el aumento de los flujos migratorios hacia Europa ha contribuido al fortalecimiento de partidos y movimientos políticos favorables a políticas fronterizas más estrictas.
La presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió la reforma al señalar que el nuevo Reglamento de Retorno proporcionará herramientas para hacer más eficientes los procedimientos de expulsión. Según Bruselas, muchos países europeos enfrentan dificultades para garantizar que abandonen su territorio las personas cuyas solicitudes de asilo han sido rechazadas o que permanecen en la UE tras el vencimiento de sus visados.
La Unión Europea aprobó la creación de centros de detención para inmigrantes ilegales fuera del bloque comunitario
Uno de los aspectos más expectantes de la reforma es la posibilidad de crear centros de retorno fuera del territorio comunitario. Estos centros permitirían albergar temporalmente a inmigrantes sujetos a órdenes de deportación mientras se completan los procedimientos para su regreso a sus países de origen.
Los defensores de la iniciativa sostienen que las medidas ayudarán a reforzar la credibilidad del sistema migratorio europeo y a reducir la permanencia irregular dentro del bloque. También argumentan que la falta de mecanismos efectivos de retorno ha debilitado durante años la capacidad de los gobiernos para aplicar las normas migratorias existentes.
Sin embargo, organizaciones de izquierda y de derechos humanos han expresado algunas críticas. Los opositores consideran que la nueva legislación pone demasiado énfasis en la disuasión y las expulsiones, mientras presta escasa atención a las causas profundas de la migración, como los conflictos armados, la pobreza, la persecución política y las crisis humanitarias.
La tensión se ha intensificado además por los contactos que la Comisión Europea mantiene con autoridades afganas para abordar las deportaciones de ciudadanos de ese país. Bruselas invitó a representantes del régimen talibán a participar en reuniones técnicas destinadas a discutir mecanismos de retorno y re-admisión de afganos que no tienen derecho a permanecer en territorio europeo.
La presidente de la Comisión Europea brindó su apoyo a la medida
Tanto la Comisión Europea como el gobierno de Suecia, que participa en la organización de los encuentros, han insistido en que estas conversaciones tienen un carácter exclusivamente técnico y no implican el reconocimiento diplomático del gobierno talibán. No obstante, la decisión ha generado críticas dentro de algunos Estados miembros.
El gobierno de Bélgica confirmó que recibió solicitudes de visado de varios integrantes de la delegación afgana, aunque indicó que los trámites aún están sujetos a revisiones de seguridad. Al mismo tiempo, el ministro de Relaciones Exteriores belga, Maxime Prévot, manifestó públicamente su desacuerdo con la invitación cursada a representantes del régimen afgano.
Desde la toma del poder por parte de los talibanes en 2021, tras la improvisada retirada de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN, los países occidentales han evitado reconocer formalmente a las nuevas autoridades afganas. Sin embargo, la necesidad de gestionar los flujos migratorios y coordinar posibles deportaciones ha llevado a algunos gobiernos europeos a explorar canales de comunicación limitados con Kabul.
El ministro de Relaciones Exteriores de Bélgica se mostró en desacuerdo de una negociación con líderes del Talibán para la gestión de inmigrantes expulsados