La diputada Ilhan Omar, una de las voces más antisemitas contra Israel en el Congreso estadounidense, vuelve a quedar expuesta.
Esta vez no por sus habituales declaraciones cargadas de antisemitismo, sino por algo que retrata con mayor crudeza su doble moral: sus finanzas.
Durante años, Omar se presentó como una “madre trabajadora con deudas estudiantiles” que apenas podía llegar a fin de mes. En febrero de este año incluso escribió en sus redes sociales que “apenas tenía miles de dólares” en su cuenta, que vivía de su sueldo de congresista —174,000 dólares brutos anuales— y que todavía cargaba con préstamos estudiantiles.
Con tono indignado, acusaba a sus críticos de difundir “campañas de desinformación de la derecha” sobre su riqueza. La realidad, sin embargo, es otra.
Sus últimas declaraciones financieras muestran que Omar y su esposo han acumulado entre 6 y 30 millones de dólares en patrimonio, gracias sobre todo a un negocio de vinos y una firma de capital de riesgo, Rose Lake Capital.
Lo más sorprendente: en apenas un año su patrimonio se disparó un 3.500%.
No se trata de simples matices contables. A finales de 2023, los activos de la pareja apenas llegaban a 65,000 dólares. Según documentos judiciales citados por el Minnesota Reformer, la bodega que ahora vale millones tenía apenas 650 dólares en su cuenta en febrero de 2024.
Y sin embargo, a finales de ese mismo año, de la nada, Omar ya estaba en la categoría de los millonarios.









