La diputada Ilhan Omar, una de las voces más antisemitas contra Israel en el Congreso estadounidense, vuelve a quedar expuesta.
Esta vez no por sus habituales declaraciones cargadas de antisemitismo, sino por algo que retrata con mayor crudeza su doble moral: sus finanzas.
Durante años, Omar se presentó como una “madre trabajadora con deudas estudiantiles” que apenas podía llegar a fin de mes. En febrero de este año incluso escribió en sus redes sociales que “apenas tenía miles de dólares” en su cuenta, que vivía de su sueldo de congresista —174,000 dólares brutos anuales— y que todavía cargaba con préstamos estudiantiles.
Con tono indignado, acusaba a sus críticos de difundir “campañas de desinformación de la derecha” sobre su riqueza. La realidad, sin embargo, es otra.
Sus últimas declaraciones financieras muestran que Omar y su esposo han acumulado entre 6 y 30 millones de dólares en patrimonio, gracias sobre todo a un negocio de vinos y una firma de capital de riesgo, Rose Lake Capital.













