Israel, por su parte, rechaza tajantemente la acusación y subraya que la guerra responde al ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, en el que Hamás asesinó a unas 1,200 personas y secuestró a otras 251.
El gobierno israelí insiste en que sus operaciones buscan destruir la infraestructura terrorista, y que la gran mayoría de víctimas civiles en Gaza son consecuencia del uso de escudos humanos por parte de Hamás, que combate desde hospitales, escuelas, mezquitas y áreas residenciales.
Paradójicamente, mientras Bardem y otros artistas hablan de “no atacar identidades individuales”, el boicot propuesto apunta únicamente a instituciones israelíes, lo que críticos consideran una forma de discriminación selectiva contra los profesionales del cine israelí.
En contraste, la influencer estadounidense Emily Austin asistió a la gala con un lazo amarillo en su bolso, símbolo de solidaridad con los 48 rehenes que siguen cautivos en Gaza, recordando que el conflicto no se reduce a slogans políticos en una alfombra roja, sino a vidas humanas retenidas por un grupo terrorista.
La controversia en los Emmy refleja una tendencia creciente en ciertos sectores de la cultura internacional: utilizar escenarios mediáticos de alto perfil para amplificar consignas contra Israel, mientras se silencian los crímenes de Hamás y se ignora el trasfondo de un conflicto iniciado con una masacre terrorista.