El gobierno de Brasil, encabezado por el presidente comunista Luiz Inácio Lula da Silva, ha decidido retirarse de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), organización clave en la lucha global contra el antisemitismo.
Esta medida, que Brasil no se ha atrevido aún a confirmar oficialmente pero que ha sido celebrada con entusiasmo por los sectores más radicales y antisemitas del país, no es un simple trámite diplomático.
Es un acto de desprecio hacia la memoria de los seis millones de judíos asesinados por los nazis y una traición abierta a los principios más básicos de la civilización occidental.
Mientras Israel enfrenta una guerra existencial contra una organización terrorista como Hamás —que no oculta su deseo de repetir el Holocausto—, Lula opta por alinearse con los verdugos.
No solo se ha sumado a la ofensiva judicial de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, un juicio grotesco que trivializa el concepto de genocidio.








