“Ya no se reirán más”, escribió el mandatario, marcando un fuerte contraste con años de concesiones que, según críticos del régimen iraní, sólo permitieron a Teherán avanzar silenciosamente hacia capacidades nucleares cada vez más peligrosas.
El punto central sigue siendo el uranio enriquecido. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, Irán posee cientos de kilos de uranio enriquecido al 60%, un paso técnico muy corto del nivel necesario para fabricar armas nucleares. Para Washington y Jerusalén, eso representa una amenaza inaceptable.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue categórico al afirmar que “la guerra no ha terminado” mientras ese material permanezca dentro de Irán. Trump, aunque aseguró que Irán fue “militarmente derrotado”, también dejó abierta la puerta a nuevas operaciones militares si fuese necesario. “Podemos entrar dos semanas más y destruir todos los objetivos restantes”, afirmó.
Mientras tanto, Irán continúa enviando señales contradictorias: por un lado habla de negociación y, por otro, mantiene actividades militares y ataques con drones en la región. Para Estados Unidos, la conclusión parece clara: no habrá acuerdo duradero sin un desmantelamiento real y verificable de las capacidades nucleares iraníes.