El primer ministro Benjamín Netanyahu presentó una solicitud formal de perdón presidencial al presidente Isaac Herzog, un paso inusual que, según la propia Oficina del Presidente, tiene “implicaciones significativas” tanto jurídicas como políticas.
El movimiento, sin precedentes para un jefe de gobierno en funciones, busca —de acuerdo con el propio Netanyahu— proteger la estabilidad del país en un momento crítico.
La petición fue entregada por su abogado, Amit Hadad, y remitida de inmediato al Ministerio de Justicia, que deberá elaborar opiniones profesionales de las distintas autoridades involucradas.
Con esos insumos, la asesora legal del presidente preparará una recomendación antes de que Herzog tome una decisión final.
La solicitud, que incluye una carta técnica de Hadad y un mensaje personal de Netanyahu, ya fue publicada en hebreo. En ambos documentos se enfatiza la carga que ha supuesto un proceso judicial que se prolonga desde hace casi una década.
Netanyahu, en un mensaje difundido tras la presentación de la petición, sostuvo que las pruebas conocidas hasta ahora “derrumban por completo” el caso y revelan “graves irregularidades” en su construcción.
El primer ministro argumentó que, aunque confía en su eventual absolución, las circunstancias actuales exigen una solución distinta. “Israel enfrenta desafíos y oportunidades enormes. La unidad nacional es indispensable”, afirmó.
Según Netanyahu, la continuidad del juicio “profundiza divisiones” en un momento en el que el país necesita concentrarse en su seguridad y en sus prioridades estratégicas.
Un punto decisivo, señaló, fue la reciente decisión del tribunal de exigirle testificar tres veces por semana, una carga que calificó de “imposible” para cualquier ciudadano, pero especialmente incompatible con las obligaciones de un primer ministro en ejercicio.
El pedido también tiene un componente internacional. El expresidente estadounidense Donald Trump ha instado en varias ocasiones a Herzog a poner fin al proceso, calificando el juicio de “político” e “injustificado”.
A comienzos de mes, Trump envió una carta formal al presidente israelí solicitando el perdón, alegando que la causa distrae a Netanyahu de la tarea de liderar y de fortalecer la cooperación estratégica entre Estados Unidos e Israel.
En paralelo, ministros y viceministros del Likud enviaron el mes pasado una carta a Herzog apelando a la necesidad de “restaurar la unidad del pueblo” y subrayando la autoridad constitucional del presidente para actuar ante circunstancias extraordinarias.
La documentación presentada por Netanyahu va más allá de los argumentos habituales de unidad y estabilidad. En más de una docena de páginas, su equipo plantea que el proceso judicial ha erosionado la confianza pública, generado tensiones institucionales y debilitado la capacidad del país para navegar un entorno regional especialmente volátil.
Ahora, la decisión recae en Herzog, quien —según su oficina— evaluará la solicitud “con responsabilidad y sinceridad” una vez que reciba todo el material legal.
Sea cual sea el desenlace, el pedido de Netanyahu marca un momento decisivo en la vida institucional de Israel, en el que se mezclan preocupaciones jurídicas, exigencias de gobernabilidad y un llamado explícito a priorizar la cohesión nacional.