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La Cuatroté versus los Gamers: un game over fiscal

La Cuatroté versus los Gamers: un game over fiscal
Raúl Salinas
porRedacción
Opinión

Impuestos disfrazados de moralidad para ocultar la ineptitud gubernamental.


Pues resulta que, como en este país nunca es suficiente con el 16 % de IVA que ya exprimen a todo lo que se mueve, ahora el Gobierno de Claudia Sheinbaum trae la brillante idea de meter un impuesto adicional del 8% a los videojuegos “violentos”. Porque, claro, si algo caracteriza a este sexenio, es su obsesión por cuidar nuestra “salud mental”… a billetazos.

Sí, leíste bien: si un juego trae sangre, pistolas o tripas digitales, el SAT lo va a ver como un Marlboro con control de PlayStation. La medida, presentada en el Paquete Económico 2026, pretende equiparar a Mortal Kombat con una Coca-Cola y a Grand Theft Auto con una cajetilla de cigarros. A este paso, prepárense porque lo que sigue es que el Tetris también pague IEPS por inducir ansiedad en los mexicanos.

Los genios que diseñaron esta propuesta parecen convencidos de que la violencia en los videojuegos convierte a la gente en sicarios de la vida real. Algo que, para la American Psychological Association (APA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya quedó claro: no existe evidencia concluyente que vincule jugar Call of Duty con salir a cometer tiroteos.

Al contrario, estudios publicados en Frontiers in Psychology (2021) y American Psychologist (2019) señalan que los videojuegos violentos no incrementan la agresión real, y que incluso pueden mejorar habilidades cognitivas, coordinación, memoria y hasta favorecer el trabajo en equipo (más que algunos funcionarios públicos, dicho sea de paso).

Prohibido regular bien, permitido sangrar al contribuyente

Pero no, la 4T prefiere el camino fácil: si no puedes con el narco, mejorar la salud o la economía, chíngate a los gamers. Porque resulta más sencillo etiquetar a los videojuegos como “nocivos” que aceptar que el verdadero problema de la violencia está en la incapacidad del Estado para enfrentar al crimen organizado, cuando vivimos en un país más violento que cualquier nación en guerra.

Lo verdaderamente ridículo es que en ningún país serio se ha inventado la genialidad de meter impuestos a los videojuegos por ser violentos. En Alemania, país conocido por tener una de las clasificaciones más estrictas del planeta, la política es clara: si un juego excede ciertos límites, se censura o se restringe la venta, pero jamás se le carga un impuesto extra al consumidor. La lógica alemana es regular el acceso, no sangrar los bolsillos.

Japón, cuna de gran parte de la industria gamer, tiene un sistema de clasificación tan rígido como el CERO, donde a los menores simplemente no se les permite comprar títulos adultos. Pero el Estado japonés jamás ha pensado en tratar al gamer como un fumador de Marlboro digital. Lo que hace es impulsar a la industria, porque entiende que es un motor cultural y económico, no un pretexto para recaudar más.

Australia, donde la censura sí es de dientes para afuera y muchos juegos terminan en la categoría de “Refused Classification”, tampoco mete impuestos. Si un juego es demasiado fuerte, no se vende. Punto. Pero allá no tienen a un gobierno pidiéndole a las familias pagar más por cada bala digital disparada en un shooter.

Y si hablamos de Estados Unidos, epicentro de las guerras culturales y hogar del ESRB, la historia es todavía más clara: en 2011, la Suprema Corte determinó que los videojuegos violentos están protegidos por la Primera Enmienda. Es decir, no pueden ser tratados como pornografía ni como drogas. Gravar o limitar de manera injustificada es, literalmente, inconstitucional.

Impuestos “saludables” con sabor a Morena

Así que queda evidente: mientras los países serios discuten clasificación, prevención y acceso, en México se discute cómo inventar un impuesto más para exprimir al ciudadano. Aquí no se protege la salud mental ni se busca un debate cultural sobre la industria; aquí lo que se protege es la caja registradora del gobierno en bancarrota por mal uso de recursos públicos.

Humor negro, como el presupuesto

La ironía es deliciosa: mientras este gobierno no puede garantizar seguridad en Zacatecas, Michoacán o Guerrero, sí puede garantizar que tu suscripción de Game Pass ahora te cueste más cara. Porque claro, primero que nada hay que proteger a la nación de esos malditos joystick asesinos.

Y aquí viene lo mejor: se justifican bajo el paraguas de los llamados “Impuestos Saludables”. El mismo rubro donde meten refrescos, tabaco y alcohol. Así que ya lo sabes: un shot de tequila, un cigarro y un Grand Theft Auto van a la misma canasta fiscal. La Santa Inquisición gamer versión Morena.

La estupidez elevada a política pública

Se quejaban de que los cristianos mojigatos satanizaban a Marilyn Manson en San Luis Potosí. Hoy, la autodenominada izquierda progresista mexicana resulta más persignada que el mismísimo Vaticano. La lógica es simple y grotesca: si algo tiene sangre en la pantalla, al diablo con la evidencia científica, mejor cobramos más.

La cereza del pastel: Hacienda estima recaudar unos 183 millones de pesos con esta ocurrencia. ¿El destino? “Programas sociales”, que en la práctica significa tapar hoyos presupuestales y seguir repartiendo dinero. Porque si de verdad se tratara de un plan para mejorar la salud mental, esos recursos irían a prevención del suicidio, atención psicológica gratuita o centros comunitarios. Pero no: aquí la cosa no es salud, es chingar a los contribuyentes.

Epílogo: Insert coin to continue

Mientras este narco-gobierno sigue con territorios bajo control, los ciudadanos seguimos con un país donde la violencia real mata todos los días y la violencia digital se convierte en el chivo expiatorio perfecto. La diferencia es que al narco el gobierno lo “dialoga” y al gamer lo exprime.

Así que prepárense, porque con este nuevo impuesto, jugar un shooter en línea en México será casi tan caro como pagar Netflix, gasolina y terapia psicológica después de ver un discurso de AMLO.

Al final, el verdadero mensaje es claro: en este país no es violento el que dispara en la calle, es violento el que juega Halo en su sala.

Game over, gamers.

Luis Raúl Salinas Cordón es comunicador con trayectoria en comunicación estratégica, capacitación y proyectos en los sectores público y privado. Ha dirigido equipos comerciales en telecomunicaciones y escribe sobre política, economía y libertad financiera, a veces con un enfoque simple, sarcástico y de humor.


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