En el complejo esquema de un mundo donde el progre-globalismo y el comunismo chino amenazan con destruir a la civilización cristiana, Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, tiene como misión histórica salvar a Occidente y nuestros valores, y defender la democracia y la seguridad del mundo libre.
Y esta misión patriota pero también global tiene una encrucijada urgente: que Groenlandia no sea invadida completamente por el Dragón Rojo, por la China del Partido Comunista (PCCh) que brega por convertirse en la nueva hegemonía mundial, militar, económica y geopolítica. Porque esto equivale a la exportación obligada de un régimen que no respeta los derechos humanos, ni la democracia, ni la pluralidad política, y mucho menos a nuestra religión cristiana.
China se ha metido a fondo en países de América. En Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela, entre otros, e intenta el control total del Canal de Panamá. Y ahora incluso, descaradamente, intenta estar a un paso de Estados Unidos, en su zona de influencia, en sus líneas rojas: en Groenlandia.
Proteger población y territorio de Groenlandia, entonces, no se trata sólo de seguridad nacional para EU, sino de un acto de defensa del mundo libre frente a las garras de China. Groenlandia, esa joya helada del Ártico, es clave para frenar la expansión roja en una región estratégica. Y el pueblo groenlandés, harto del avaro y lejano dominio danés, también lo desea.
Groenlandia quiere protección de Estados Unidos
Las cosas no son como las pintan los medios globalistas enemigos de Trump y de MAGA. En Groenlandia debe haber elecciones libres y las encuestas ya anticipan que la mayoría quiere ser parte de Estados Unidos. Según un sondeo de Rasmussen Reports de 2023, el 62% de los groenlandeses apoyaría un referéndum para independizarse de Dinamarca y unirse a la Unión Americana.
Otro estudio, del Pew Research Center en 2024, revela que el 58% ve con agrado la protección militar de E.U. frente a las ambiciones chinas en el Ártico. Los beneficios son claros: seguridad contra la amenaza de Pekín, que acecha con sus bases militares y rutas comerciales; infraestructura moderna que sacaría a Groenlandia de su aislamiento; una economía revitalizada con empleos reales; y acceso a educación y salud de primer nivel. Lejos de ser una imposición, esto representa una liberación. Groenlandia no sólo sobreviviría, sino que prosperaría como bastión de la libertad en el norte.
Un estudio de la Universidad de Groenlandia (Ilisimatusarfik, 2022) muestra que el 67% de los groenlandeses quiere más independencia de Dinamarca. Esto sugiere que podrían inclinarse hacia E.U. con incentivos.
El choque con Dinamarca: ¿suspensión de elecciones?
Pero Dinamarca, con su gobierno progresista encabezado por Mette Frederiksen, se opone, por supuesto, alegando “soberanía”, mientras ignora la voluntad de los groenlandeses.
Trump, fiel a su estilo, ha dejado claro que no cederá. Si el conflicto escala —y podría hacerlo—, podríamos estar ante una crisis internacional. ¿Una “guerra” con Dinamarca? Improbable, pero no imposible.
En un escenario actual, si Trump ocupa Groenlandia, la Dinamarca de Frederiksen podría declarar: "La acción de E.U. activa el Artículo 5 del Tratado de Washington: la OTAN debe defender nuestra soberanía." El precedente del 11-S (2001) le serviría de respaldo.
Y aquí entramos a un terreno muy interesante: ante una “amenaza externa” —que tal vez algunos llamen “guerra”—, ¿podrían suspenderse temporalmente las elecciones en E.U., dejando a Trump en el poder por tiempo indefinido, o al menos el equivalente a un tercer mandato?
Legalmente, la Constitución no lo permite de forma explícita. Sin embargo, la Ley de Poderes de Emergencia Nacional dota al presidente de herramientas amplias en tiempos de crisis. Históricamente, líderes han estirado las reglas en momentos clave.
Trump podría usar la National Emergencies Act (50 U.S.C. § 1601) para declarar una emergencia y acceder a poderes especiales. Aunque no suspende elecciones (controladas por el Congreso, Artículo I, Sección 4), la Insurrection Act (10 U.S.C. § 251-255) le permitiría justificar medidas excepcionales en un "estado de guerra" con Dinamarca, alegando una amenaza a la seguridad. Lincoln usó poderes similares en 1862.








