Miles de ciudadanos se dieron cita este fin de semana en la Plaza Miguel Hidalgo de Reynosa para lo que podría ser el principio del fin del mandato de Carlos Peña Ortiz, alcalde emanado de Morena.
Durante horas, la multitud no solo marchó, sino que se volcó a firmar una iniciativa ciudadana que busca removerlo del cargo.
Para las seis de la tarde, los asistentes ya superaban las 10 mil personas, una cifra significativa en este primer intento de recolección, y un claro síntoma del hartazgo colectivo. Las actividades continuaron durante la noche.
La marcha fue organizada por integrantes de la sociedad civil, quienes acusan al alcalde de haber abandonado a la ciudad durante las recientes lluvias que dejaron al menos cinco muertos, cuatro desaparecidos y más de 200 colonias afectadas por severas inundaciones. La ciudadanía, harta del silencio y de la falta de empatía institucional, tomó las calles para decir “basta”.

Una década de poder familiar
Carlos Peña Ortiz no gobierna solo. Es el rostro más reciente de una dinastía política que ha controlado Reynosa durante más de una década. Su madre, Maki Ortiz, fue alcaldesa bajo las siglas del PAN, y la transición hacia Morena y el Partido Verde no fue más que una mutación de colores, no de intereses ni de prácticas.
El apellido Peña Ortiz se ha vuelto sinónimo de imposición, opacidad y autoritarismo, según denuncian activistas locales. La ciudadanía percibe que los cambios de partido fueron solo una estrategia para mantener el control del poder municipal, y no una verdadera transformación.










